Libro del mes

Corrupción, ética y moral, en las Administraciones Públicas (Jesús González Pérez)

Gregorio Robles Morchón

Editorial: Ed. Civitas - Thomson Reuters


Jesús GONZÁLEZ PÉREZ: Corrupción, Ética y Moral en las Administraciones Públicas. Segunda edición. Civitas (Thomson Reuters) 2014. 409 páginas.

Estamos ante el libro de un jurista preocupado por la Ética. Catedrático (jubilado) de Derecho Administrativo y Abogado, Jesús González Pérez sigue su incansable actividad de investigador y de pensador sobre los problemas que nos acucian. Así lo avalan sus valiosas aportaciones a las Reales Academias de Ciencias Morales y Políticas y de Jurisprudencia y Legislación, y sus continuas publicaciones. Tiene la virtud de hacer transparente el Derecho, con ideas siempre claras y con un lenguaje directo, sencillo y no exento de unas gotas de humor. Cualidad esta última más que encomiable, si se tiene en cuenta que la literatura jurídica es, por lo general, seca y carente de toda gracia literaria.

El libro que comento conoció una primera edición en 2006 (en la misma Editorial Civitas) y en él se recogían cuatro trabajos publicados anteriormente. En la actual edición se han reelaborado y ampliado, y además se han introducido nuevos capítulos.

Toda la obra está presidida por una idea básica: la lucha contra la corrupción desde la Administración; lo cual lleva al autor, en no contadas ocasiones, a criticar la actividad administrativa y legislativa. Su diagnóstico de la enfermedad es contundente, pero el tratamiento no lo ve en el Derecho: “La corrupción generalizada que padecemos no es sino una de las manifestaciones de la degradación de los valores morales que azota a las sociedades, tan difícil, por no decir imposible de superar con normas jurídicas”. No se plantea el problema, previo al jurídico, del porqué o los porqués sociales y psicosociales de la crisis de valores contemporánea. Simplemente la constata. Tampoco se pregunta qué relación guarda la Moral con el Derecho. El autor no se considera un filósofo ni un moralista. Tan sólo un jurista preocupado por lo que ve. Su concepción de la Moral es la tradicional, que en Europa es la cristiana, y en España la católica. Y viene a preguntarse: ¿Acaso puede haber otra? Estas cuestiones no se abordan en el libro, sino que se dan por supuestas. Quizás un paso más en el análisis sería justamente ese: que el autor entrara en terrenos que profesionalmente le han sido ajenos, pero en los cuales pueda encontrar explicaciones –aunque probablemente no justificaciones- de lo que sucede en nuestra vida individual y social.

Esas “ausencias teóricas” –si así pueden llamarse- no desmerecen la lectura del libro, pues en él su autor sólo se propone comentar la legislación y la jurisprudencia de los tribunales en matera de corrupción y de moral. Más en concreto, el material legislativo y jurisprudencial que afecta a las actuaciones de las Administraciones públicas. Y lo hace de modo exhaustivo y claro.

Se divide el libro en tres partes, tituladas “Corrupción”, “Ética” y “Moral” –de acuerdo con  el título general de la obra. Cada una de estas partes está dividida, a su vez, en capítulos: cinco la primera; siete la segunda; y cinco la tercera.

Le primera parte (“Corrupción”) comienza levantando acta de la corrupción como fenómeno generalizado en nuestra sociedad. Menciona sus causas: crisis de valores, ausencia de la ética en el servicio público, sindicalización de los funcionarios (conversión de éstos en “trabajadores”), y dominio de los partidos (“partitocracia”). Cada una de estas causas podría ser objeto, sin duda alguna, de un detenido análisis. Propone remedios: los códigos de conducta, el Derecho, la formación ética, el papel de los medios de comunicación, y la doctrina de la Iglesia. Dicho con brevedad: la vuelta de la sociedad hacia el lugar de donde no debió salir. Tiene el autor la sospecha de que, en la sociedad actual, se ha perdido la noción del bien y el mal, y que los individuos se hallan perdidos sin orientación. No le falta razón. Por eso, acentúa los posibles mecanismos de corrección de esa deriva malsana. Sin embargo, el tono general del libro en este aspecto es escéptico, y yo diría que pesimista. No hay mejor sordo que el que no querer oír. En la sociedad actual los individuos están dominados, al menos en gran parte, por una compulsión consumista y un narcisismo complaciente que los ciegan ante los deberes. 

Después de las ideas generales sobre la corrupción el autor penetra en el comentario de los instrumentos internacionales de lucha contra ese fenómeno en las Administraciones públicas. Analiza el Convenio de las Naciones Unidas de 2003, la Convención Interamericana de 1996, los convenios del Consejo de Europa en materia penal y civil, de 1999, y el sistema GRECO (Grupo de Estados contra la corrupción). Se han establecido en ellos medidas represivas (tipificación de delitos), así como el principio de devolución de activos, y la protección de denunciantes. Se introduce después en el Derecho de los países de Hispanoamérica, y en el de la UE. Según un informe de 2011, por la corrupción se pierden al año en la UE 120.000 millones de euros.  El último capítulo de esta parte se dedica al ordenamiento español. Dice González Pérez: “El Estado español (…) ha transpuesto la legislación de la UE. Sin embargo, no puede citarse entre los que mejor han respondido a su ejecución en la práctica”.

La segunda parte (“Ética”) comienza con un capítulo sobre la ética en la Administración pública. Proclama el autor la necesidad de una renovación radical tanto en el ámbito público como en el privado. Critica el “elitismo político” (en realidad, los privilegios de los políticos), y no admite la distinción entre Ética pública y Ética privada. La Ética es única y se manifiesta en un conjunto de principios que son aplicables igualmente en ambas esferas de la vida humana. Se refiere al Estatuto del Empleado Público (de 12 de abril de 2007), del que dice que “descubre el Mediterráneo”. También a la Ley de Transparencia (18 de febrero de 2005). Pasa revista a los deberes de los funcionarios: imparcialidad, objetividad, probidad moral, obediencia; y, en relación con ésta, la cuestión de la objeción de conciencia. Critica las prácticas de “ventanilla” –que hacen acepción de personas- y las notificaciones en el mes de agosto (legales, pero que pueden ser consideradas como poco concordes con el principio de la buena fe). Tiene palabras muy duras –con toda razón- para el “despilfarro”, y reclama prácticas de austeridad. Sus invectivas contra la clase política no cesan. La transparencia –afirma- es lo contrario de la opacidad y tiene dos aspectos: el deber de informar y el deber de callar (que comprende el deber de secreto y el de sigilo). Por último, dedica dos capítulos a las medidas, tanto las legales para garantizar un comportamiento ético, como las represivas.

Para González Pérez, los códigos de buen gobierno están formados en realidad por un conjunto de principios generales del Derecho, que se extraen del Derecho positivo. Postura esta que habría que matizar, pues en dichos códigos se recogen muchas veces normas de carácter ético que no tienen propiamente eficacia jurídica, en cuanto que no son directamente invocables como normas jurídicas ante los tribunales. Se denuncia la “huida del Derecho administrativo”, al haberse convertido la discrecionalidad –que le es propia- en verdadera arbitrariedad. Recalca la necesidad de hacer cumplir a los servidores públicos determinadas obligaciones. Al acceder al puesto, la declaración de bienes. Durante el ejercicio, el respeto de las incompatibilidades. Al cesar, el dar cuentas de la gestión. El reclutamiento de personal debe hacerse siguiendo el criterio del mérito y de la objetividad; en la realidad prevalece una especie de “sistema de botín”. Se ha degradado el sistema de las pruebas de las oposiciones. Los políticos viven en un ambiente de impunidad, en que no tienen que dar cuenta estricta de la gestión de las subvenciones. El diagnóstico de la enfermedad es simplemente alarmante.

Para ponerle freno son necesarias medidas represivas. Lo primero, se debería exigir de verdad –ya que “en la realidad no ocurre así”- “el reintegro de las cantidades astronómicas sustraídas”. Distingue entre los políticos y los funcionarios; y afirma respecto de los primeros: su impunidad “es manifiesta”. Si bien el Derecho exige responsabilidades administrativas y penales, la “culpabilidad se diluye”; “resulta estéril la polémica sobre la tipificación”. Proclama de nuevo su escepticismo: “Como si con medidas penales pudiera corregirse un mal tan arraigado en nuestra sociedad”. Aborda también la responsabilidad penal de las personas jurídicas, y los privilegios de los políticos, singularmente la inmunidad parlamentaria.

En la tercera parte del libro (“Moral”) el autor se interesa por cuestiones dispares. Enseñanza de la religión y de la ética en los colegios, publicidad, medios de comunicación, biología genética, pornografía, matrimonio entre personas del mismo sexo, protección de la salud sexual, etc. Todo un conjunto de problemas y aspectos considerados desde la óptica de un jurista de gran experiencia preocupado por la deriva de nuestra sociedad.

Un libro, en definitiva, para la reflexión de todos los profesionales del Derecho, y en especial para los servidores públicos (incluidos, naturalmente, los políticos).

Gregorio Robles

                                                                   

Jesús González Pérez  

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA

 Autor: Pablo Ramírez Jerez. Prólogo de Juan Velarde Fuertes

VIDA Y ACADEMIA. QUINCE SEMBLANZAS BIOGRÁFICAS

 Josep Borell y Joan Llorach

LAS CUENTAS Y LOS CUENTOS DE LA INDEPENDENCIA

Ricardo Sanmartín Arce  

VELÁZQUEZ: VIDA

Ramón Tamames Gómez  

MÁS QUE UNAS MEMORIAS

Pedro Cerezo Galán  

DOS BIOGRAFÍAS DE MIGUEL DE UNAMUNO

Santiago Muñoz Machado  

INFORME SOBRE ESPAÑA

Carmelo Lisón Tolosana  

GREEK TRAGEDY

 Abhijit Banerjee y Esther Duflo

POOR ECONOMICS

Agustín Muñoz-Grandes Galilea  

DESDE EL CORAZÓN DEL CESID

 Académicos

ANALES 2010-2011

 Alonso de Cartagena

DOCTRINAL DE LOS CABALLEROS

 Thomas J. Sargent y Francois R. Velde

THE BIG PROBLEM OF SMALL CHANGE

 Heródoto de Halicarnaso

HISTORIARUM LIBRI IX

2011 Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.