Libro del mes

Buscando a Dios en el universo: Una cosmovisión sobre el sentido de la vida

Ramón Tamames Gómez

Editorial: Erasmus Ediciones, 2018


A propósito de BUSCANDO A DIOS EN EL UNIVERSO
 
TRES PREGUNTAS Y TODO UN UNIVERSO DE CUESTIONES
Mi libro Buscando a Dios en el Universo. Resultado de una larga elaboración, nutrida de lecturas e ideas de mucho tiempo atrás, y de otras
que provienen de aportaciones muy recientes. Además de toda una serie de conversaciones y debates a los que he podido asistir, sobre las muy diversas cuestiones que se tratan en las páginas que he elaborado en los últimos seis o siete años, naturalmente en tiempos discontinuos. Con la alentadora idea personal de que, en edad ya provecta, se mantiene vivo el deseo de encontrar respuestas a inquietudes largamente sentidas.
Las preguntas a las que pretendo responder en esta obra, cabe resumirlas, de forma muy expresiva en las tres siguientes: “¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?”. Y como he comentado más de una vez, fue durante mi segunda vuelta al mundo, en 1994, cuando al llegar al aeropuerto de Papeete, en Tahití, mi esposa (Carmen Prieto-Castro) y yo vimos una enorme ampliación allí expuesta del cuadro de Paul Gauguin, conocido precisamente con las siete palabras interrogativas. 
 
Ahora, veinticuatro años después, mantengo las preguntas de Gauguin como tema general del libro, que lleva por subtítulo la idea de estas páginas: Una cosmovisión sobre el sentido de la vida, por la sencilla razón de que, sea o no antrópico el cosmos que nos da cobijo, lo cierto es que somos, que se sepa, los únicos que estamos observándolo, al tiempo que lo hemos cambiado en tantos aspectos.
Sobre las preguntas referidas, el escéptico de turno podría decir que el autor se adentra en un área que no es la suya propia. Comentario inevitable, que me recuerda la vieja y a mi juicio zafia sentencia, que no aforismo, de “zapatero, a tus zapatos”. Según la cual, cada uno debe resignarse a verse aherrojado en su propio cubículo de oficio, sin beneficio alguno para la sociedad. Por mucho que la actual comunidad de conocimiento no tenga ni fronteras ni compartimentos.
 
Quienes frecuentan frases tan obsoletas como la citada olvidan –servata distantia– lo que sucedió en la Grecia del siglo de Pericles, cuando formidables filósofos, astrónomos, matemáticos, geómetras, rapsodas y artistas de los más diversos géneros se preguntaban sobre cuestiones del más alto interés; que todavía hoy siguen vigentes en el ágora de la discusión. Algo que sucedió, asimismo, en el Renacimiento, al superarse las sapiencias limitativas y compartimentadoras del Medioevo, a lo cual ha de agregarse el recuerdo de la Ilustración, que dio vida a los primeros planteamientos ya claramente holísticos, con sistemas coherentes de ciencia, filosofía y política. Pues como dijo Kant, en ¿Qué es la Ilustración? 1, “aquella fue la época en que la Humanidad salió de su minoría de edad y asumió la libertad para preguntarse sobre cualquier cuestión”.
 
Como también debemos poner de relieve el hecho de que las tres preguntas aquí planteadas tienen características aporéticas, es decir, hacen referencia a cuestiones en que surgen dificultades de respuesta aparentemente imposible. Pero no es menos verdad que muchas aporías que se presentaron inicialmente como tales luego han sido resueltas, merced a avances cognitivos o a cambios del paradigma de cosmovisión.
Y eso es lo que podrá pasar con los tres cuestionamientos, al ponerse cerco a lo aporético mediante la ciencia, para un día llegar al fondo de la cuestión: cuándo sucederá eso es otra cuestión que no cabe contestar hoy 2.
Y ya entrando en la recta final de este prólogo, diré que no me considero físico teórico por formación (sí me intereso por ese área, en razón a muy antiguas inquietudes), ni antropólogo experimentado (por mucha vocación que tenga de ello). Y aunque algo he estudiado y producido en cuestiones políticas, ecológicas, y más aún económicas, lo que en este libro se expresa cubre un amplio espectro interdisciplinario, lo cual hoy resulta más factible que antes, pues disponemos de redes de conocimiento, potentes y próximas, y cada día más manejables.
Y además de contar con ese formidable acervo, será importante subrayar que este libro, en su fase de pre-edición, fue sometido a la pre-crítica de una serie de colegas: astrónomos (Sebastián Sánchez), físicos (Massimo) 1 Immanuel Kant, ¿Qué es ilustración?, Terramar, Buenos Aires, 2004. Antonio Cantó, La pizarra de Yuri, Silente académica, 2011.
 
2 La referencia a la cuestión aporética se la debo a Carmelo Lisón Tolosona, con ocasión de presentarse esta ponencia en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMP) el 5 de abril de 2016. El Prof. Lisón se extendió en este tema con gran erudición, pero no podemos incluir aquí, por razones de espacio, todo lo que expuso, cosa que sucede también con los otros cuatro intervinientes en la plenaria del 5 de abril. Galimberti y Francisco Guzmán), cosmólogos a su manera (Carlos Rodríguez Jiménez y Jaime González-Torres), ecólogos (Francisco Díaz Pineda), internacionalistas (Mario Aguirre y Vicente Garrido), predictores del Club de Roma (Ricardo Díez Hochleitner y Jesús Moneo), biólogos (Santiago Grisolía y Francisco J. Ayala), economistas (Christian Careaga, Félix López Palomero, Guillermo Chapman, et alia). Todos ellos, atendiendo los ruegos del autor, me dispensaron su tiempo para leer estas páginas, dándome nuevas orientaciones, ofreciendo complementos, y sugiriendo supresiones y ajustes. A todos ellos, desde aquí, les rindo mi más profunda gratitud y amistad. En fase última de elaborar esta tal vez opera postrera mía, recibí nuevas ayudas muy considerables, especialmente del ya mentado Juan Arana Cañedo-Argüelles, Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla y compañero en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; quien me dio nuevas ideas, me resolvió no pocas dudas, y me ilustró con la lectura de alguna de sus obras, y de otras que me recomendó; siempre desde su gran conocimiento de la vasta bibliografía que hay en torno a las cuestiones que se suscitan en estas páginas.
 
Solo me resta, en el capítulo de agradecimientos, expresar la máxima gratitud a mi secretaria Begoña González Huerta, que durante años trabajó en procesar estas páginas, infografiar, suprimir, agregar y formatear las sucesivas versiones del texto, de manera incansable. En definitiva, en un hacer y deshacer que llevó mis pensamientos a ese esperanzador punto en que uno los considera ya en condiciones de ser dados a la luz. Con la evocación, siempre, de Jorge Luis Borges: “publico, para dejar de corregir”. No olvidaré, desde luego, a mis correctores habituales de textos, en unas fases de este trabajo: mi mujer, Carmen Prieto-Castro, mi nieto Lope Gallego Tamames, siempre con una perspicacia que admiro; y Tomás Prieto-Castro Rosen, que generosamente colaboró en varios momentos de mi emprendimiento que ahora finaliza.
 
Y como colofón, algo que se me preguntó, y que publiqué en Republica.com el 5 de abril de 2017:
? Don Ramón, ¿cuál diría Vd. que es el lema de su vida?
? No tendré que pensarlo mucho. Son unos versos de William Blake que se transcriben en el libro:
Todo lo que hoy vemos,
fue un día imaginación.
Todo lo que hoy imaginamos,
podrá ser realidad mañana.
 
PRIMER COMENTARIO SOBRE EL LIBRO
BUSCANDO A DIOS EN EL UNIVERSO
14 de octubre de 2018
NORBERT BILBENY* EL DIOS DE TAMAMES
Si viviera Josep Pla y Tamames fuera catalán, quizás aquel le hubiera dedicado uno de sus Homenots .O Miguel Delibes hubiese escrito la novela El profesor. Acabamos de leer su último libro, Buscando a Dios en el universo, y se reconfirma la impresión de que Ramón Tamames, nacido en Madrid en 1933, es, además de un sabio, una rara avis, si es que no son lo mismo. En cierta entrevista termina diciendo: “Veo el turismo espacial con envidia. ¿A quién no le gustaría ir a la Luna?”. Una visión, un sentimiento, un deseo: volar alto. Ver la Tierra como una manzana azul en el espacio, y presentir, como confiesa en su libro, que entre los pasillos del cosmos cruza Dios. “Lo intuí”, dice. El signo de Tamames es el aire. Lo cual sorprende en alguien que, como economista (el más leído de España), tiene la marca de la tierra, y como político que fue –por ejemplo, en la dirección del Partido Comunista de España– ha conocido de cerca el fuego (y la cárcel, por demócrata). Tamames está ahora en la primera línea del ecologismo y del ideal internacionalista, habiendo sido crítico tanto con Aznar como con Rajoy.
 
El libro quiere ser “una cosmovisión sobre el sentido de la vida”. Recoge las principales teorías sobre el universo; recuerda las claves sobre el origen de la vida;
destaca el papel privilegiado del ser humano, y se pregunta, sin retórica ni moralina, sobre el “sentido de la vida”. Oímos decir al filósofo Javier Gomá que la humanidad no se hacía antes esta pregunta: daba por descontado que la inmortalidad del alma, y con suerte el Cielo, hacen baldío preguntarse si la vida “en carne mortal” tiene
sentido. Tras pensar en el libro y su autor, ese sentido de la vida no sólo parece asociado a la cuestión de Dios. En Tamames diría que está a su vez en la lucha por el conocimiento .El desafío de Adán y Eva fue conocer, como el de Prometeo. Retaron a Dios. Pero el mismo conocimiento nos acerca también a Dios, pensaron Aristóteles, Spinoza, Einstein. Conocer, conocer que conocemos (nóesis noéseos), y luchar por conocer (la lucha, ideal de felicidad para Karl Marx), hace a lo humano rozar con lo divino y gozar de una felicidad superior. De modo que si Dios fuera sólo una creación del hombre, “incluso en esta teoría –sostiene Tamames– yo diría que sería la mejor invención”. Luchar por conocer puede ser un modo de cruzarse con Dios, aunque sea de lejos, en los vastos infinitos del átomo, de la mente y del universo. Y eso hace contento.
* Catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Estará en la presentación del libro en la Ciudad Condal (en el Ateneo), junto al teólogo José Ignacio González Faus, el 5 de noviembre, a las 19.00 hs

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