Pleno de los martes

11-10-16

Carpintero Capell, Heliodoro,

El acoso escolar (Bullying) en España. Consideraciones desde la psicología

 

RESUMEN DE LA PONENCIA

El problema del acoso escolar, violencia entre iguales, matonismo  o “bullying” , como es el nombre técnico  con que se lo suele conocer internacionalmente, se ha ido convirtiendo en una grave lacra de nuestro sistema educativo infantil y juvenil, y se ha ido extendiendo por la población de escolares de una manera hasta hoy sin efectivo control. Es uno de los capítulos graves de la agresividad y violencia de nuestras sociedades, que afecta  a uno de sus sectores más influenciables por los estímulos del entorno, los niños y muchachos en su primera juventud.

El estudio  del fenómeno parece haberse iniciado en Suecia. Allí, un médico, Peter-Paul Heinemann, a comienzos de los años 1970, describió la conducta agresiva de acoso escolar de acuerdo con sus observaciones en patios de recreo de centros escolares (Roland, 2010). A ello siguió un estudio, hoy ya clásico, de un psicólogo  y profesor sueco,   Dan Olweus, quien estudió a fondo el problema en Suecia, y ha seguido haciéndolo luego en Noruega,  cuando ya el interés y la preocupación por el tema se había extendido por gran parte del mundo civilizado.   De acuerdo con los especialistas que  hoy  vienen estudiando el tema, se mantiene la calificación de ‘acoso’ respecto de aquella situación o situaciones en las que se cumplen al menos tres de los siguientes criterios :  que la víctima se sienta intimidada ; que la víctima se sienta excluída ; que perciba al agresor como más fuerte ; que las agresiones sean cada vez de mayor intensidad ; que las agresiones suelan ocurrir en privado.   Las cifras que se han dado recientemente en prensa sobre acoso escolar en España  son realmente importantes.  Según datos ofrecidos por el diario “El País” (2016), habría un promedio del 9,3 % de sujetos que lo han experimentado (o sea, 1 de cada 10 alumnos) , en un tiempo de encuesta  que tuvo lugar desde septiembre de 2014 a junio de 2015 -- el curso escolar 2014-15 , en una palabra (El Pais,2016)

Las formas más frecuentes incluyen  amenazas, daños a la propiedad, burlas y motes; también la exclusión social ; no tan frecuentes son ya la  violencia física, incluso en ocasiones el acoso sexual y hasta amenazas con armas.  Todo eso sirve, fundamentalmente, para mantener en vilo y temor constante al destinatario de esas conductas, al que de continuo se le hace sentir su impotencia y sometimiento.  Y con ello se originan procesos de ansiedad, depresión, pérdida de autoestima, y hasta un complejo síndrome de estrés postraumático reactivo al trastorno escolar  .    Estos procesos   son prácticamente siempre grupales  , y  tienen una pluralidad de niveles, pues al lado de un pequeño grupo de protagonistas promotores y ejecutores  incorporan  un cuerpo mucho más amplio de cooperadores y seguidores,  que no se hallan dispuestos a oponerse y a disentir de lo que aquellos proponen.

El acoso, visto a esa luz, ha revelado a los ojos de muchos su condición de un proceso de imposición de dominio del acosador sobre el individuo acosado, en el marco de un grupo, donde el primero aparece dotado de fuerza y de un poder social reforzado gracias a esa capacidad de realizar agresiones e imponer su voluntad sobre el individuo agredido, con el asentimiento del grupo.  En todos esos casos, se advierte la necesidad de introducir una perspectiva “ecológica”  en el   acoso, dado el esencial papel del contexto grupal  y hasta del círculo de ‘territorio personal’  en que los individuos   se mueven.  Pero ¿por qué se pone en marcha una conducta violenta, y se buscan los refuerzos que parece que con ella se obtienen?  La psicología  contemporánea ha dado sustancialmente dos respuestas :  una, porque hay un “instinto” innato de violencia y agresividad, que genera  respuestas violentas  .  O bien, segunda posibilidad, porque  se ha aprendido ‘vicariamente’ de otros que  tales actos son útiles y  eso lleva a  imitarlos . La posición instintivista piensa que la  agresividad  comportamental es un mecanismo primordial para la conservación del individuo y de la especie . Por su parte  otros psicólogos  demostraron experimentalmente hace ya años cómo aprenden y luego imitan los niños las conductas violentas observadas en adultos   para  más tarde repetirlas , al tiempo que innumerables estudios han confirmado la  alta frecuencia de  individuos acosadores criados en familias donde la violencia es habitual y la educación  está orientada por actitudes autoritarias y  faltas de ternura .

A lo largo del desarrollo  ontogenético, y de la historia biográfica del individuo, se  establece la red de preferencias, motivos y valores,  que fundan la configuración de cada proyecto personal. Se perfilan el autoconcepto y la autoeficacia, el sistema moral y la red social que han de determinar    la conducta de cada individuo. Y en este horizonte, es donde   hay que situar los procesos de bullying  y los esfuerzos por combatirlo.

En todos los casos de conflicto escolar es muy importante disponer de protocolos de intervención bien diseñados y preparados, para la pronta acción correctiva  de las autoridades y responsables implicados.  Se admite generalmente que cualquier esfuerzo dirigido a luchar contra el bullying   ha de partir de una posición de rechazo absoluto al mismo por todos los responsables de los centros educativos, con una política directiva que  aplique sanciones rápidas y sistemáticas.

El problema del acoso  es, en definitiva,  un atentado reiterado contra la persona de   jóvenes  escolares, perpetrado por sus compañeros, que pone en peligro su salud mental y física, altera su personalidad, perturba su rendimiento escolar y lesiona gravemente sus derechos como miembros de la sociedad, en la que están participando, precisamente, a través de su condición de escolares. Y por ello la sociedad tiene la obligación de impedirlo, sancionando a quienes lo perpetren o toleren, y facilitando medios para su erradicación. Es un problema de personalidad individual al tiempo que de convivencia colectiva, y de responsabilidad  estrictamente moral , que hay que resolver a la hora de construir la escuela que  nuestro tiempo necesita, para   formar   jóvenes  que aspiran a  realizarse  personalmente. 

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