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Rodolfo Martín Villa, nuevo académico de número

Madrid, 26 de noviembre de 2013.- Rodolfo Martín Villa, destacado protagonista de la Transición, ha ingresado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso titulado Claves de la Transición. El cambio de la sociedad, la reforma en la política y la reconciliación entre los españoles.En él ha afirmado que este proceso “resultó posible por el cambio de una sociedad que ya en 1975 era moderna y abierta, aunque el Régimen no lo fuera; se produjo como una reforma “de la Ley a la Ley a través de la Ley” y completó una reconciliación entre los españoles que dejó las cárceles vacías de presos políticos y el mundo sin exiliados de nuestro país por primera vez en los últimos doscientos años”.

La contestación en nombre de la corporación ha corrido a cargo del académico Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, en un acto presidido por el presidente de la academia, Marcelino Oreja, ante un público que incluyó a diversas y reconocidas personalidades públicas, como el ex presidente del Gobierno José María Aznar, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre y los ex ministros socialistas José Bono y Narcís Serra, entre otros.

En el preámbulo de su intervención el nuevo académico ha resaltado las cualidades de su predecesor en la medalla número 28, Manuel Fraga, –“una figura irrepetible y que, por tanto, carecería de sentido intentar siquiera sustituirla”– su honradez intachable, “mérito a valorar en un momento en que está en cuestión, no pocas veces injustamente, la honestidad de los políticos”.

Tres referentes de la Transición

El nuevo académico ha relatado que en su etapa universitaria conoció a tres autoridades académicas que se convirtieron después en referentes de las tres claves de la Transición que recoge el título de su discurso: el rector de la Universidad de Oviedo Torcuato Fernández-Miranda, uno de los artífices de la reforma en la política; el rector de la Universidad de Madrid, Pedro Laín, símbolo de la demanda de reconciliación entre los españoles; y el autor de la reforma que incorporó los estudios de ingeniería y arquitectura a la universidad clásica, Gregorio Millán Barbany, responsable en el Ministerio de Educación de las enseñanzas técnicas e impulsor de su modernización.

Asimismo ha recordado que en los años 50 se produjo en la Universidad una divisoria de aguas entre quienes se enfrentaron al franquismo y quienes consideraron que se podía prestar con dignidad un servicio a la sociedad desde las estructuras del Régimen. La confluencia de ambos cauces veinte años después permitió que las tensiones y forcejeos que se vivieron en el franquismo tardío finalmente desembocaran en el éxito que fue la Transición.

En esa evolución, facilitada por un deseo social casi unánime de evitar un nuevo enfrentamiento fratricida como el de la “incivil Guerra Civil”, resultó tan importante el desarrollo socioeconómico alcanzado como la voluntad de entendimiento entre los reformistas que provenían del franquismo y los dirigentes de la oposición. Martín Villa ha señalado que “no es muy conocido el hecho de que antes de que se celebraran las elecciones, ya en la primavera de 1977 se encontraban legalmente reconocidos todos los derechos humanos y entraron en vigor libertades y derechos cívicos por la vía de suscribir tratados y convenios internacionales que los recogían”.

El papel del Rey

El ex ministro centrista sostiene en el texto de su discurso que ni es verosímil la versión de que don Juan Carlos y Adolfo Suárez escribieron en una servilleta de papel durante un almuerzo en Segovia a finales de los años 60 todo lo que había que hacer para traer la democracia ni es cierto que a partir de 1976 se gobernara a golpe de improvisación. Una de las pruebas de esa realidad, ha argumentado, es el proceso impulsado por el presidente Suárez para suprimir las condenas y persecuciones por motivos políticos y para propiciar la legalización de los partidos. A este respecto, ha elogiado la sabiduría y estrategia de Torcuato Fernández-Miranda, la cautela y coraje de Suárez como principal gestor del cambio y la determinación del Rey para que el principal servicio que la Corona prestase al país en ese momento fuese ayudar a traer la democracia en paz y desde la concordia.

El académico elegido para la medalla número 28 ha destacado la perspicacia de Fernández-Miranda tanto al asesorar al Rey y garantizarle en 1969 que nada impedía modificar las leyes franquistas como al trazar en diciembre de 1975 la hoja de ruta para llegar a la democracia. Y ha recordado la valentía con que Adolfo Suárez eliminó los obstáculos para disponer de todas las libertades y que las principales fuerzas de la oposición democrática, el PSOE y el PCE, fueran legales.

Martín Villa ha precisado que el Gobierno de Suárez tuvo claro desde el primer momento que su reto consistía en dar respuesta adecuada a la demanda generalizada de libertad y amnistía. De ahí que transcurrido solo un mes aprobara una primera amnistía, facilitara poco después la legalización de los partidos y antes de un año convocara unas elecciones libres que abrieron un proceso constituyente del que surgió la Constitución de 1978.

Para llegar ahí, resultó importante la contribución de la Iglesia, que pasó del mutuo apoyo con el Régimen a reclamar la reconciliación entre los españoles y avalar que el cambio político era justo y acorde con sus valores.

El ex diputado de UCD ha sostenido, parafraseando a Pedro Laín, que en el primer Ejecutivo de Suárez “no todos habíamos estado siempre en la democracia pero sí habíamos estado todos, y estábamos, por la reconciliación”. Para completarla resultó decisiva la Ley de Amnistía propuesta en el otoño de 1977 por las fuerzas de la oposición y el partido gubernamental, la UCD. Además de borrar las penas impuestas por delitos políticos, la aprobación de esa iniciativa tuvo el efecto de poner en libertad a los presos de ETA condenados por delitos de sangre. Según el ex ministro, hubo quizá candidez al pensar que eso pondría fin al terrorismo. Porque la banda terrorista no solo prosiguió de inmediato su violencia sino que se lanzó a una escalada criminal.

¿Se ha agotado el consenso de la Transición?

Ante los problemas que afronta ahora España, Martín Villa ha indicado que cabe preguntarse si se ha agotado la virtualidad del consenso que presidió el proceso de la Transición y cuál es hoy la disposición de las fuerzas parlamentarias, y en particular las dos más representativas, para responder a los grandes retos planteados. En este sentido ha defendido: “Es posible que el consenso nacional básico del que venimos, y que en mi opinión sigue siendo plenamente válido, pueda encontrarse amenazado por algún interés inmediato que no sea el interés nacional. Pero si ayer pudimos superar ese riesgo, no hay razones para creer que no podamos superarlo también mañana”.

Como colofón, ha afirmado que así como excombatientes de los dos bandos de la Guerra Civil colocaron con motivo del sexagésimo aniversario de la batalla del Ebro una lápida que decía “a todos los que perdieron la guerra, que fueron todos”, ahora excombatientes de la incruenta batalla por las libertades bien podríamos poner otra lápida que dijera “a todos los que ganaron la Transición, que fuimos todos”. Serviría para recordarnos a los españoles, incluidos aquellos que pudieran tener hoy la tentación de dejar de serlo, que no hay mejor fundamento de nuestra convivencia y de los derechos de todos que el consenso que se alcanzó en  torno a la Constitución de 1978.

Contestación

En su contestación, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, destacó la figura de Martín Villa. “Nuestro nuevo compañero no sólo ha sido un hombre de Estado, con mayúscula, sino un administrador honesto, cuidadoso y eficaz”, señaló, y resaltó su capacidad de diálogo. “Martín Villa constata con razón que la reconciliación de los españoles fue motor y meta, causa a la vez eficiente y final de la transición…Solo me cabe decir que la concordia se consigue y se mantiene concordando. Se acuerda seguir negociando sin fin, porque en la historia nunca hay soluciones finales…La concordia nunca tiene una alternativa feliz y hoy recibimos en esta casa a quien tiene gran experiencia de concordar”, remató. 

El acto concluyó con la ceremonia de entrega de la medalla 28 a Rodolfo Martín Villa como académico de número por parte del presidente de la corporación, Marcelino Oreja.

2011 Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.