Es bien sabido que nuestras economías experimentarán en los próximos años dos grandes transformaciones derivadas de la revolución digital y de la acuciante necesidad de hacer frente al cambio climático (CC), y conseguirán así una trayectoria de crecimiento económico más sostenible y equitativa. En el ámbito de los países de la Unión Europea (UE) esta realidad ha quedado reflejada en el programa de la Comisión Europea (CE) denominado Next Generation EU, que supone un nivel de inversión de 750.000 millones de euros —a precios de 2018— con el propósito de acelerar la recuperación económica, y como literalmente se recoge en él «crear una Europa más ecológica, más digital y más resiliente» [véase CE (2021)].

Pues bien, la intención de este trabajo es analizar el impacto que este escenario tendrá en el sistema financiero, así como el papel que este debe —o debería— tener en este nuevo entorno que, indudablemente, traerá cambios radicales en todos los sectores económicos. Es ocioso añadir que no solo por las limitaciones de espacio, sino también por las acotadas capacidades del que escribe, este análisis será parcial y, en muchos aspectos, estará condicionado por la práctica académica y profesional del autor.

Dadas las características especiales de los mercados financieros, la exposición empezará recordando las razones que justifican su regulación. Me extenderé, relativamente en ellas, ya que creo que deben tener un papel muy relevante en el proceso de innovación financiera. A pesar de la falta de calidad de la información pública sobre los costes en que incurren los bancos en el proceso de regulación y supervisión al que están sometidos, valoraremos dicha información en términos absolutos y relativos.

A continuación, se harán un conjunto de consideraciones sobre las innovaciones habidas en el sistema financiero durante los últimos años. Tampoco las referencias sobre inversiones en innovación, que en la práctica se concentran en tecnologías de la información (TI), tienen la calidad y extensión deseable, pero, sin embargo, haremos un intento para estimar su orden de magnitud y los resultados a los que conduce. Asimismo, daremos algunos ejemplos que ayuden a entender la falta de rigor que tienen numerosos análisis de esta naturaleza, que, con frecuencia, se adoptan como referencia para la toma de decisiones en esta materia.

Seguidamente, revisaré algunas ideas sobre el trueque y el dinero en las economías desarrolladas, haciendo mención especial a las funciones básicas que desempeñan. Además, se hará singular énfasis en el proceso de creación de dinero. Después, y en este contexto, describiré brevemente un resultado concreto del proceso de innovación financiera, como es el de las criptomonedas. También haré referencia a las tecnologías que las soportan y a la necesidad de su regulación, dado el impacto que su entrada en el mercado puede tener en la actividad económica y financiera.

Terminaré, analizando el papel de los intermediarios financieros en el fundamental problema del CC. Llegaré a la conclusión de que la función de los reguladores y supervisores financieros independientes no debe ser la de imponer, directa o indirectamente, al sector financiero que incentive las inversiones en energías renovables y desincentive aquellas en energías fósiles. Las decisiones para abordar el tipo de externalidades negativas que los gases de efecto invernadero (GEI) generan son bien conocidas y deben ser tomadas por los gobiernos elegidos democráticamente, no por organismos independientes —en nuestro caso el Banco Central Europeo (BCE)— que fueron creados para cumplir con objetivos económicos de otra naturaleza.

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