Historia de la RACMYP y de su Sede

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Introducción

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas tiene su acta de nacimiento en un Real Decreto firmado por la Reina Isabel II el 30 de septiembre de 1857 que le encomienda «cultivar las ciencias morales y políticas». Este nacimiento suponía que en España habían llegado a su mayoría de edad, con vida propia ya o anunciando su nacimiento -siguiendo la evolución europea y con la participación cada vez más activa de la sociedad en la vida política– las ciencias dedicadas al estudio de la actividad política y económica (ciencia política y económica) y las del comportamiento de los individuos en sociedad (sociológica), englobadas antes en otras (derecho y filosofía).

Dentro del clima creado en el reinado de Isabel II por la necesidad de protección a las ciencias surgió la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1847). Y poco después se decidió que se hermanase esa creación con otra Academia orientada hacia las ciencias de la sociedad. Y se optó por la denominación, de tradición francesa, de “Ciencias Morales y Políticas”.

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas forma parte, pues, de la “segunda promoción” de las Reales Academias. La primera promoción correspondió durante el reinado de Felipe V: la Española, la de la Historia y la de Bellas (entonces, Nobles) Artes de San Fernando.

La fecha de creación mediante Real Decreto es el dato relevante sobre la formación, reconocimiento y regulación pública de las actividades de una Real Academia. No importa si sus orígenes se debían a actuaciones privadas previas de intelectuales reunidos para conversar y debatir en los salones, cafés o asociaciones privadas o semipúblicas.

Cl. Moyano, Ministro y Académico de la RACMYP
Cl. Moyano, Ministro y Académico de la RACMYP

La segunda promoción de Academias se produce tras una grave crisis del sistema universitario español y una importante reforma del sistema educativo superior mediante la Ley de Instrucción Pública de 1857. Esa Ley, conocida como la “ley Moyano”-  dispuso la creación “en Madrid de otra Real Academia, igual en categoría a las cuatro existentes, denominada de Ciencias Morales y Políticas” (art. 160). Es claro que la RACMYP es la quinta Real Academia. Nada menos que una Ley de Cortes de gran trascendencia en el sistema universitario español reconocía la necesidad de creación de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Contexto de la creación en el siglo XIX

Se le asignaba como primera función “ilustrar los puntos y cuestiones de mayor trascendencia y aplicación, según los tiempos y las circunstancias”. También tenía obligación de contestar a las consultas que los Ministerios le dirigieran.
Entonces tenía derecho a nombrar un Senador o presentar candidatos a Cátedras y presentaba candidatos a diversos organismos de consulta del Estado (Consejo de Instrucción Pública, Junta Superior de Prisiones, etc.).

El nacimiento de las Reales Academias en España está ligado, históricamente, a varias razones:

  • Razones de política cultural ilustrada en la búsqueda de los fundamentos de la historia (y, por consiguiente, de la política) nacional.
  • La conservación y difusión del patrimonio histórico, artístico y literario (comenzando por la lengua misma) nacional.
  • El fomento y estímulo de la tarea de los investigadores, con la comunicación mutua de los resultados obtenidos y la posibilidad de disponer de medios colectivos para su trabajo.
  • La evolución del pensamiento científico – comenzando por la historia, siguiendo por las ciencias de la naturaleza -ya desde el siglo XVII- y terminando por las ciencias sociales y humanas- hacia posturas más críticas de las mantenidas por las instituciones y escuelas existentes hasta entonces.
  • La participación social, a través del asesoramiento y de las publicaciones académicas, en los frutos teóricos de las distintas ciencias.

La sesión inaugural se celebró el día 19 de diciembre de 1858 -prestando su sede para la solemne sesión la Academia de la Historia (entonces en la Plaza Mayor)- quedando legalmente constituida la Academia en nombre de la Reina por el Ministro de Fomento, el Marqués de Corvera; en su discurso resaltó “el valor de la asociación de los talentos para el ejercicio de la fuerza moral que había de dirigir la libertad de los espíritus».

Una selección de Académicos del siglo XIX

En su discurso, el primer presidente D. Pedro José Pidal y Carniado afirmó: “Las Ciencias Morales y Políticas, tomadas en su mayor extensión, son el más necesario e importante complemento de ese gran todo que llamamos Ciencia y que es la guía de la Humanidad en su peregrinación sobre la Tierra”.

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMYP) convocó números concursos en el siglo XIX y parte del XX a fin acudir a la inteligencia de toda la sociedad para afrontar preocupaciones, solicitar el diagnóstico de problemas sociales y sus soluciones. Al tiempo que sensibilizaba a la sociedad, ofrecía la publicación de esas actividades para el debate y consideración general.

Con más de siglo y medio de existencia, la RACMYP sigue conservando su tradicional nombre «de Morales y Políticas» -mantenido por la gran mayoría de las Academias europeas y americanas- si bien las disciplinas de las que se ocupa han ido diversificándose con la evolución y especialización de sus saberes.

Ha aglutinado para sus trabajos el prestigio de grandes intelectuales con experiencia reconocida, en definitiva, personalidades de gran significación en el pensamiento filosófico y en la vida jurídico-política, social y económica española de los dos últimos siglos (algo más de 300 Académicos desde 1857).

Grandes personalidades entre sus miembros

La RACMYP ha reunido desde 1857 a grandes personalidades; por ejemplo, uno de sus miembros llegó a ser jefe del Estado, Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la II República

Veinticuatro Académicos fueron presidentes del Consejo de Ministros (denominación hasta 1931) o presidentes del Gobierno de España: entre otros, Francisco Martínez de la Rosa, Lorenzo Arrazola, Salustiano Olózaga, Juan Bravo Murillo, Luis González Bravo, Alejandro Mon,  Antonio Cánovas del Castillo, José de Posada, Francisco Silvela, Raimundo Fernández Villaverde, Antonio Aguilar, Antonio Maura, Eugenio Montero Ríos, Segismundo Moret, José Canalejas y Méndez, Manuel García Prieto, Joaquín Sánchez de Toca, Álvaro de Figueroa y Torres (conde Romanones), Eduardo Dato e Iradier, Gabino Bugallal,  Niceto Alcalá Zamora, José Sánchez-Guerra; y, el último, Leopoldo Calvo-Sotelo.  También ha sumado a sus trabajos a varios vicepresidentes del Gobierno y un centenar han sido ministros.

La Academia también eligió a grandes juristas que desempeñaron en su trayectoria profesional la presidencia del Tribunal Constitucional (Manuel García Pelayo, Manuel Jiménez de Parga, María Emilia Casas Baamonde), a diez presidentes del Tribunal Supremo, a doce presidentes del Consejo de Estado, a quince Gobernadores del Banco de España y a tres presidentes del Tribunal de Cuentas.

Además, cuatro Académicos fueron ministros del Gobierno que promovió la reforma política en 1976 hacia una España democrática, también el ponente que la defendió en las Cortes, unos ocho legisladores de esa etapa y tres grandes Académicos juristas, Manuel Fraga Iribarne, Gregorio Peces-Barba y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, fueron miembros de la Ponencia -formada por siete juristas- que redactó la Constitución de 1978  conocidos como “padres de la Constitución”. Como ha recordado Fernando Suárez, fueron veinticuatro Académicos «participantes decisivos en la transformación política de España” (Suárez González, Fernando, “Reflexiones sobre la concordia” en Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas nº 98 2021, p. 564). 

Y al margen del Derecho y la Política grandes pensadores formaron parte de la Real Academia como Gumersindo de Azcárate, Marcelino Menéndez y Pelayo, Rafael Altamira, Ramiro de Maeztu, Salvador de Madariaga, Antonio Truyol y Serra o Enrique Fuentes Quintana.

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas es hoy una de las diez Reales Academias Nacionales y cuyo alto patronazgo ostenta el Rey de España D. Felipe VI (Constitución española, art. 62. letra j).

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas durante la Guerra Civil (1936-1939)

Desde su fundación y en su contexto político fue una institución liberal que cultivó la pluralidad de ideas y propició el debate con la sociedad y el Estado para reflexionar y hacer propuestas sobre el progreso cultural, social y económico.
En el siglo XIX y principios del XX la Real Academia desarrolló una gran actividad y logró una influencia apreciable en la sociedad y en la política. Languideció en los años treinta al tiempo que aumentaban las crisis y enfrentamientos internos.
Tras proclamarse la II República, todas las Academias perdieron en 1931 la cualidad de “Reales”. Entre 1932 y 1936 ingresaron nueve Académicos. Varios Académicos fueron ministros con la República (Royo Villanueva, Madariaga) o presidente de las Cortes (Besteiro).

El Gobierno de Largo Caballero aprobó la disolución de todas las Academias (Decreto de 15 de septiembre de 1936) y su unificación en un Instituto Nacional de Cultura, al que se podían adscribir los antiguos académicos, que no se aplicó. La disolución conllevó la destrucción de documentos, cuadros y la incautación de un importante caudal dinerario de la Academia (400.000 pesetas de 1936) que, tras la guerra, la dictadura posterior repuso.

D. Melquíades Álvarez

Los enfrentamientos y tragedias de esa época diezmaron la Academia: cuatro Académicos fueron asesinados por sus ideas en Madrid (zona republicana) en el verano y otoño de 1936: el Académico electo Melquíades Álvarez (preso y asesinado en el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid el 22 de agosto de 1936) y los Numerarios Rufino Blanco, Álvaro López Núñez y Ramiro de Maeztu.

En plena Guerra Civil, curiosamente la Junta Técnica del Estado franquista retomó la idea republicana y un decreto de 8 de diciembre de 1937, sin disolver las Academias nacionales, las agrupó en «un cuerpo total con el nombre de Instituto de España» y les restableció el carácter de “Reales”. Su primer presidente fue José María Pemán y su primera reunión se celebró en Salamanca el 27 de diciembre de 1937. La Junta Técnica del Estado ordenó que para recuperar la calidad de Académico había que prestar un juramento de sumisión redactado en estos términos :

“Como académico de número de la Real Academia de ciencias Morales y Políticas, y a los efectos de lo prevenido en la Orden del Ministerio de Educación Nacional del 10 de junio de 1938: Juro en Dios y en mi Ángel Custodio servir perpetua y lealmente al Instituto de España bajo Imperio y norma de la tradición viva: en su Catolicidad, que encarna el Pontífice de Roma, y en su continuidad, representada por el Caudillo, Salvador de nuestro pueblo. Hago esta promesa escrita de juramento depositándola en manos del Presidente de la Real Academia.”

Varios Académicos temieron por su vida durante la guerra y por las represalias de los vencedores en la posguerra y se exiliaron o se negaron a prestar aquel juramento: Niceto Alcalá Zamora, Rafael Altamira, Salvador de Madariaga, Felipe Sánchez Román y Antonio Zozaya You. Todos perdieron su calidad de Académicos por sus ideas. Otro Académico notable, Julián Besteiro, fue encarcelado y murió el 27 de septiembre de 1940 en la cárcel de Carmona (Sevilla).

En total, diez Académicos fueron víctimas del cruel enfrentamiento civil. Los nueve Numerarios representaban una cuarta parte de la Real Academia; en conjunto, por esas y otras causas hubo 14 vacantes al término de la guerra civil.

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas recuperó sus primeras sesiones plenarias el 2 y 5 de enero de 1938 en Salamanca, todavía en plena guerra, y las siguientes las celebró en San Sebastián. Regresó a Madrid en junio de 1939, una vez terminada la guerra civil.

El Instituto de España, en aquella época, controló la actividad de las Reales Academias cuya autonomía quedó limitada y hubo desde 1938 roces claros con el Instituto de España.

Frente a la orden dada a este el 14 de agosto de 1939 por el presidente del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas, el presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Antonio Goicochea, intentó no sujetarse plenamente a la decisión. Como señala Martorell,

“la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que intentaba a toda costa preservar su autonomía jurisdiccional respecto al Instituto de España, privó de sus medallas a los republicanos amparada en sus propios estatutos”.

Así, tuvo por decaídos en su derecho a los electos que por las trágicas circunstancias no pudieron leer su discurso; y a otros les aplicó la normativa de ausencias acumuladas (dos años y menos de 150 sesiones previas, es decir, poca antigüedad) y les privó de su condición de Académicos.

Sin embargo, no pudo aplicar sus estatutos a Niceto Alcalá Zamora ni a Rafael Altamira pues acumulaban más de 150 asistencias. El Ministerio de Educación Nacional requirió a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1941 que diera los nombres de los ausentes por motivos políticos -los dos Académicos citados-, y obligó a dar de baja a Niceto Alcalá Zamora y a convocar la provisión de su medalla que acabó cubriéndose. La medalla de Rafael Altamira, a pesar de su exilio y su forzada vacante por no prestar el juramento exigido, no se sacó a concurso hasta después de su fallecimiento en 1951.

Cuando falleció Niceto Alcalá Zamora en febrero de 1949, la Academia honró su memoria con un homenaje por sus aportaciones intelectuales. No era un tiempo fácil para honrar a un ilustre republicano. De nuevo, la RACMYP volvería a recordarle en 1999 en el cincuentenario de su fallecimiento.

Solo Salvador de Madariaga fue repuesto, al inicio de la transición democrática, el 5 de octubre 1976, en la medalla número 24.

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas es hoy una institución plural y forma parte de las diez Reales Academias del Instituto de España y cuyo alto patronazgo ostenta el Rey de España (Constitución española, art. 62. letra j).

Bibliografía:

  • Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo (dir.), La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 1857-1999, texto inédito depositado en la Real Academia de Ciencia Morales y Políticas.
  • José Luis Malo Guillén, “La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ante el proceso de reforma sociales”, en Enrique Fuentes Quintana (coord.), Economía y Economistas Españoles, ed. Galaxia Gutemberg, Vol. 5, 1999, pp. 495-524.
  • Miguel Martorell Linares, “De ciencias sociales y ángeles custodios: la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas bajo la guerra y la autarquía”, (texto completo: Historia y política: Ideas, procesos y movimientos sociales, nº 8, 2002, págs. 229-254.
  • Pedro Cerezo Galán, “El espacio ideológico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la crisis de fi n de siglo, 1890-1907” en M. Herrero y Rodríguez de Miñón y J. Sholz (eds), Las Ciencias Sociales y la Modernización. La Función de las Academias, ed. Real Academia Ciencias Morales y Políticas e Instituto Max Planck, Madrid, 2002.
  • Emilio de Diego García, La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1857-2007). Cultura y Política en la España Contemporánea, Madrid, 2009.
  • Fernando Suárez González: “Reflexiones sobre la concordia” en Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas nº 98,2021, pp 539-566.
  • Julio Iglesias de Ussel, «La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas», en  Las Reales Academias Nacionales en Madrid,  Instituto de Estudios Madrileños y CSIC, Madrid, 2022,  pp. 105-156.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.