Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, se reunieron en el prestigioso “Foro de Ginebra” varios intelectuales europeos destacados para estudiar la situación y abrir nuevas posibilidades de recobrar el pasado perdido bajo los escombros. Uno de ellos, el conocido novelista francés, George Bernanos, el autor del Diario de un cura rural, nos dejó un testimonio digno de meditación:
«Al hablar del espíritu europeo –escribió–, aludimos a esa fe que Europa tenía en sí misma, en sus destinos, en su misión universal, en la alta calidad de su cultura, representada por un buen puñado de obras excelsas: la catedral de León, la Divina Comedia del Dante, la polifonía romana de Palestrina y Victoria, el Moisés de Miguel Ángel, la Pasión según San Mateo de Bach y la Novena Sinfonía de Beethoven, el Entierro del Conde de Orgaz de El Greco y El Cristo de Velázquez… Todo esto se ha derrumbado no por la potencia destructora de las fuerzas adversas a ese tipo de cultura sino por haber sido Europa “aspirada por el vacío”, un vacío espiritual que lleva a diluir los límites entre lo justo y lo injusto»[1].
Ese vacío fue colmado en buena medida por la amplia serie de movimientos intelectuales que fecundaron la vida espiritual de Europa no bien iniciado el siglo XX. Si asumimos con la debida hondura sus mensajes y los comunicamos con un método adecuado, podremos volver a transmitir a Europa los valores que la hicieron grande.
A elaborar ese método dediqué buena parte de mi obra escrita, como explicaré en este último libro.
El ejemplo de mi gran maestro de la Universidad de Múnich Romano Guardini me reveló claramente lo que conviene hacer en tiempos difíciles: no atacar, ayudar a las personas –adictas y no adictas- a ir a lo esencial, a vivir como protagonistas nuestro proceso de desarrollo: éste es un método sugestivo, ilusionante para cualquiera, pues a todos nos gusta ser protagonistas, aprender, por vía de descubrimiento, lo que nos hace grandes y felices.
Para actuar con eficacia, debemos tener en cuenta los siguientes datos:
Hoy se advierte cierta decadencia general en cuestiones éticas, en la clarificación de las ideas, en la concepción y la vivencia de la fe… Nos hallamos en una situación de «emergencia educativa»: no se profundiza en los grandes temas pedagógicos y parece que la sociedad camina a ras del suelo. Da la impresión de que, en cuestión de costumbres, nuestro vuelo es más bien gallináceo y apenas se ve interés por tomar altura. Lo grave es –según el experto en cuestiones éticas Alsdair McIntyre[2]– que «ha habido una catástrofe que interrumpió la transmisión del saber moral y, más ampliamente, la de sus fundamentos».
¿Es cierto esto?
En caso positivo, ¿se ha reanudado la transmisión del saber moral?
Peor todavía –si cabe– es que, según el periodista alemán Peter Seewald, ha cundido la opinión de que el humanismo cristiano está agotado, y tampoco puede ser la gran palanca que nos eleve el ánimo[3]. Buena parte de la juventud se ha alejado de la Iglesia y no encuentra en ella un referente intelectual y espiritual. ¿Se sabe transmitir de modo ilusionante la doctrina de la Iglesia? De altas esferas se nos ha pedido una Nueva Evangelización, pero ¿se sabe hacerlo?
- Los tres pontífices anteriores a Francisco nos han dejado tres tareas para realizar:
1ª) Evangelizar la cultura hasta sus mismas raíces (S. Pablo VI).
2ª) Superar la situación de emergencia educativa. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI).
3ª) Emprender una Nueva Evangelización, con nuevos métodos y brío renovado (S. Juan Pablo II).
Estas tareas están a medio abordar. A mi entender, debemos empezar por la emergencia educativa, seguir por la evangelización de la cultura, y aplicar todo ello a la evangelización religiosa, para que sea «nueva» de verdad. Hay evangelizadores que no quieren abordar el problema de cómo superar la emergencia educativa y cómo evangelizar la cultura. Realizan, sin duda, una buena labor evangelizadora, pero no es suficiente para orientar a esta generación medio destruida por la marea del mayo del 68 y otros tsunamis afines.
[1] Cf. Benda, Jaspers, Rougemont: El espíritu europeo, Guadarrama, Madrid 1957, p. 261.
[2] Cf. After vertue. A study in moral theory. University of Notre Dame Press, Indiana 1981. Versión Española: Tras la virtud, Crítica, Barcelona 1987, p. 12.
[3] Trataré de ello en el capítulo siguiente.