10 enero 2023
Araceli Mangas Martin

Europa desafiada: reacción a la agresión rusa en Ucrania

Resumen de la ponencia

La agresión desencadenada por Rusia contra Ucrania ha sido un punto de inflexión para nuestro continente y ha precipitado un cambio de época en la Unión Europea, además de ser una crisis que condicionará el mundo recibido.

Son muchas y variadas las respuestas de la UE y de sus Estados miembros. En la ponencia se escogen tres. Se examina, en primer lugar, la actuación diplomática de la UE -desde varias semanas previas a la agresión producida el 24 de febrero de 2022- a fin de movilizar una gran coalición antibelicista en la ONU y otros foros internacionales. Se desplegaron intensos y silenciosos esfuerzos diplomáticos de la UE en África, Asia y América que han logrado una razonable coalición estable de algo más de 140 Estados que aún perdura.

A sabiendas de que la Federación Rusa vetaría la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre su propia condena, el objetivo era lograr que el Consejo de Seguridad aprobase la convocatoria de un período extraordinario de emergencia de la Asamblea General (en adelante, AGNU) (sin capacidad de veto de los Miembros Permanentes al ser resolución procedimental). Desde la Resolución 2623/2022, de 27 de febrero, y hasta el final de la guerra, el Consejo de Seguridad ha transferido su responsabilidad primordial al órgano democrático de la ONU, como motor subsidiario. Gracias a esa maniobra de reenvío a la AGNU, ésta puede debatir y valorar hechos y situaciones relacionadas con la agresión rusa.

La UE presentó un proyecto, con una previa movilización, suscrito por  una gran masa crítica de noventa Estados y logró que la AGNU aprobase una resolución por 141 votos a favor el repudio a la invasión y ocupación  (Resolución A/ES-11/L.1, de 2.03.2022). Se exigía el fin inmediato del uso de la fuerza contra Ucrania, condenaba las vulneraciones del Derecho Internacional Humanitario cometidas desde los días iniciales de la guerra por Rusia, condenaba el reconocimiento dado a las regiones de Donetsk y Luhansk y exigía que Rusia restableciese las fronteras reconocidas internacionalmente. Fue un gran éxito, pues Rusia solo tuvo 4 votos a favor más el suyo, si bien en las 35 abstenciones y 12 ausencias hubo decepciones notables pero previsibles (dictaduras o Estados autoritarios).

Desde entonces con una secuencia periódica se han logrado, con mayorías similares, nuevas resoluciones que constatan y condenan los graves crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad, las ilegales anexiones territoriales de territorios de Ucrania ocupados y no ocupados por Rusia ordenando el no reconocimiento internacional, la suspensión de la membresía de Rusia en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de otros foros internacionales y un acuerdo por consenso relativo a que todo futuro veto de un Miembro Permanente exigirá dar cuentas directamente a la AGNU. En síntesis, se puede decir que la Unión Europea supo ejercer liderazgo político como potencia civil.

En segundo lugar, se aborda la respuesta mediante sanciones. Meses  antes del inicio de la guerra, la UE había avisado sobre el “tsunami” de medidas restrictivas. El Servicio Europeo de Acción Exterior de la UE (cuerpo diplomático de la UE)  y de los Estados miembros habían preparado con mucha antelación una batería de medidas restrictivas que abarcaban todos los sectores y a miles de personas físicas y jurídicas, públicas y privadas, con todos los datos precisos para su identificación y motivación de sus conductas coadyuvantes con la agresión.

Han sido nueve paquetes u oleadas (desde el 23 de febrero hasta diciembre de 2022) de medidas restrictivas afectando al bloqueo comercial más intenso y extenso que el impuesto en 2014 (incluido el control y financiación de importaciones y exportaciones de mercancías y servicios y la asistencia técnica), el financiero, el tecnológico, bloqueo de transportes por cualquier medio, de reservas monetarias de Rusia, política de visados, etc..

Las medidas restrictivas (o “sanciones”) ante una agresión flagrante -como la sufrida por Ucrania- se fundan en el deber de los Estados de cooperar con otros Estados por medios lícitos para poner fin a la violación de una norma imperativa y en el derecho a apoyar el derecho de legítima defensa del agredido, Ucrania, frente al agresor (art. 51 Carta de la ONU).

Sin embargo, el liderazgo político de la UE no ha tenido paralelismo en materia de sanciones contra Rusia. Jurídicamente no era posible en el Consejo de Seguridad (por el seguro veto ruso) y tampoco -por razones políticas- lo intentó la UE en la AGNU para no poner en peligro la coalición antibelicista.

En efecto, la UE (26 Estados, sin Hungría) ha sumado en conjunto unos 40-42 Estados a las sanciones. El mundo no ha seguido a la UE o a Occidente en materia de sanciones. Y razones tienen los Estados de África, Asia y América Latina para rechazar las sanciones: la agresión rusa no es la única ni la primera de las agresiones producidas en los últimos 75 años, además de constatar que no hay precedentes de sanciones en otros contextos de agresión cuando los autores han sido Estados occidentales.

El tercer ámbito analizado ha sido la masiva ayuda. Primero, la  financiera para mantener el funcionamiento de Ucrania como Estado ante los exiguos ingresos fiscales para sostenerse civilmente. Y ante las consecuencias de invasión rusa la UE y sus Estados miembros ha dado un vuelco la propia UE y sus Estados miembros en materia de defensa: la UE ha otorgado y permitido ayuda financiera para la compra de armamento y el suministro directo de armas y equipamiento militar defensivo y ofensivo al Estado agredido.  Los Estados de la UE, miembros o no de la Alianza Atlántica, han acordado rearmarse.

Finalmente, se expuso la valoración que la reacción de la UE ha tenido para la ciudadanía europea. Los datos obtenidos por la Oficina Europea de Estadística -Eurostat-  a finales de 2022 son muy significativos del apoyo ciudadano a la respuesta de la UE: el 74 % está de acuerdo con el apoyo que ha dado la UE a Ucrania desde la invasión rusa (España, 80%). Dos tercios de los europeos sienten claramente las consecuencias de la guerra y que su vida se ha visto afectada. A pesar de ello, un 72% creen que su Estado mantiene un balance positivo, de ventajas reales, de la pertenencia a la UE.

La respuesta de la UE y sus Estados miembros es compartida por la ciudadanía con un grado de consenso o apoyo nada habitual. Refleja la conciencia ciudadana por la contribución de la UE al mantenimiento de la paz y el fortalecimiento de la seguridad. Nadie puede vivir con seguridad en un mundo en el que el uso ilegal de la fuerza se tolere.