El efectivo, que durante siglos fue el medio hegemónico de intercambio de valor, hoy en día se enfrenta a un radical proceso de disrupción. El avance tecnológico ha permitido el surgimiento de una gama diversa de medios de pago alternativos que han provocado la obsolescencia de los billetes y las monedas. Recientemente se han venido desarrollando alternativas digitales que buscan preservar las funciones básicas del dinero. Desde el entorno privado tenemos las llamadas monedas estables o stablecoins. Y para hacer frente a la posible amenaza de éstas, así como, sobre todo, para contrarrestar el menguante uso del efectivo, desde el ámbito público se están produciendo iniciativas que nos acercan al lanzamiento de monedas digitales emitidas por los Bancos Centrales (CBDCs). La ponencia se dedicó a dar noticia del proyecto de creación de un euro digital y a explorar sus posibles consecuencias y los retos a que se enfrenta.
Lanzado en 2021, el proyecto del euro digital ha avanzado con considerable rapidez. Hoy se encuentra en su fase de desarrollo y en octubre de 2025 el BCE habrá de decidir, bajo el supuesto de que los instrumentos legales han sido completados, si se emite la moneda digital y cuándo se hace. Conocemos muchas características del euro digital: 1) Será “efectivo digital”, esto es, se podrá utilizar en todos los pagos, al igual que los billetes; 2) Se podrá emplear en toda la Eurozona con carácter universal para liberar deudas; 3) Será gratuito en su uso básico, análogo al de los actuales billetes; 4) Estará disponible para operar sin conexión inalámbrica; 5) Incorporará protocolos de máxima seguridad y privacidad (compatible con KYC y AML/ATF); 6) Su valor estará garantizado por el banco central: 1e-€=1€; y, 7) No estará remunerado, lo que enfatiza su función esencial como medio de pago, y no como reserva de valor o como instrumento de política monetaria. Sin embargo, hay un conjunto de aspectos esenciales de tipo técnico, operacional y legal del e-€ que aún no conocemos en detalle. Los elementos del e-€ que demandan concreción son esencialmente los seis siguientes: alcance de la privacidad, funciones offline, modelo de compensación, límite del saldo y posibilidad de varias cuentas de e-€, manual de reglas del e-€, y, por último, arquitectura tecnológica.
El e-€ podría afectar al modelo bancario tradicional, pues podría sustituir parcialmente a los depósitos bancarios, con efectos potencialmente relevantes en la forma de mayores costes financieros, menor margen y más costosa y menor oferta de crédito. Para mitigar estos impactos, el BCE ha sugerido un límite al saldo de e-€. El e-€ afectará también a la estabilidad financiera, pues con una base de depósitos menor y menos estable, la menor rentabilidad mina la resiliencia del sector.
Con este horizonte, ¿qué estrategias puede adoptar el sector bancario? Una respuesta conservadora consistiría en tratar de adaptarse al e-€, minimizando costes y cumpliendo con los mínimos de la regulación. Debe resultar obvio que este curso de acción implica renunciar a nuevas fuentes de ingresos que compensen la pérdida de margen, lo que arriesga la viabilidad de las entidades. Existe una estrategia de crecimiento alternativa, que reconocería la urgencia de adaptar los modelos de negocio para aprovechar nuevas oportunidades. Esta agenda, dirigida a explotar el potencial de nuevos ingresos, requeriría partir de una evaluación de escenarios aún muy inciertos, para a continuación analizar las capacidades existentes en la entidad, fijar el nivel de ambición y explorar las vías para optimizar la adquisición de clientes, la oferta de servicios de valor, el potencial de venta cruzada y los modelos de fijación de precios.
Los EE.UU. han renunciado a estar presentes en el liderazgo global para fijar estándares de la CBDCs. En un contexto en el que 134 países trabajan en sus monedas digitales, y 67 las tienen en desarrollo, piloto o lanzamiento, incluidos China, Rusia y los demás BRICS, los acuerdos entre éstos permitirán eludir SWIFT -el sistema 24/7/365 de mensajería de órdenes de pago que vincula más de 11 mil entidades financieras de 204 países-, así como esquivar sanciones y sortear el control de flujos transfronterizos. Los riesgos para la seguridad nacional son evidentes. China es consciente de su incapacidad para destronar al dólar o al euro como monedas internacionales a corto y medio plazos. Su economía no es suficientemente avanzada, estable y diversificada. Sus mercados financieros son poco profundos, sin convertibilidad plena del renminbi y con su tipo de cambio controlado. Y su poder político es creciente, pero no hegemónico. Al mismo tiempo, sin embargo, es pionera en el desarrollo su moneda digital como complemento de la internacionalización del CNY. El foco dominante en esta fase es doméstico, pero el diseño técnico está listo para su extensión a otros países. Esta internacionalización pausada se alinea con otras iniciativas Así pues, sin retar a medio plazo al dólar y al euro, China está desarrollando una red de intereses financieros -infraestructuras, tarjetas, y pilotos domésticos e internacionales del e-CNY- que facilitarán el salto del renminbi al estatus de moneda internacional a medio y largo plazo.
En un contexto como el descrito, parece evidente que el proyecto e-€, más allá de sus aspectos económicos y financieros, adquiere una dimensión geopolítica clave. Respecto del e-€, el Informe Letta (2024) afirma: “(…) Sin una moneda digital respaldando el Mercado Único Europeo, el peso creciente de nuevos actores sistémicos en el mercado de pagos podría marginalizar los bancos europeos, disrumpiendo su relación con los consumidores, y debilitando su competitividad. Confiar en entidades extranjeras compromete la resiliencia del sistema, exponiéndolo potencialmente a la manipulación y la disrupción fuera del alcance de la regulación europea. El e-€ superaría muchos de estos problemas en la Eurozona (…)” y “(…) empoderaría a Europa para desarrollar y gestionar con independencia soluciones de pagos digitales, reforzando así su autonomía estratégica (…), cumpliendo con los más elevados estándares de innovación y privacidad (…) El e-€ debe ser una realidad antes de 2027”.