9 mayo 2023
José María Serrano Sanz

Santiago Ramón y Cajal: Más allá de la ciencia

Resumen de la ponencia

Decir que Santiago Ramón y Cajal fue un gran científico no necesita justificación. Hay unanimidad en que fue uno de los grandes de la historia universal y el mayor entre los españoles. A pesar de ser tan gran científico nunca fue alguien encerrado en su laboratorio o en una torre de marfil. En lo personal era un hombre polifacético, al que le gustaba viajar, el ajedrez o la tertulia del café con los amigos y que pudo haber brillado en otros campos, pues era competente fotógrafo, extraordinario dibujante y buen escritor. Hay otra faceta, aparte de la científica y la personal, sobre la que versará mi intervención, el Cajal hombre público. Es una faceta importante, porque Cajal se sintió muy comprometido con su país y su tiempo y fue sensible al momento histórico que le tocó vivir.

Sobre el hombre público hay un factor común en las biografías, tomado de sus Recuerdos, y es que su posición política permaneció inalterable desde la infancia a la senectud y se sintetiza en una palabra: patriotismo. Su patriotismo, nacido o avivado cuando niño al presenciar las celebraciones por las victorias en África del ejército expedicionario, habría constituido el leit motiv de toda su trayectoria, incluso en el ámbito científico. De joven le habría dolido que la ciencia española no tuviera presencia en libros internacionales y remediarlo fue un motor de su actividad. La herida del 98 la habría tratado de sublimar ofreciendo a España conquistas científicas que le dieran prestigio intelectual, a cambio de sus pérdidas territoriales (A patria chica, alma grande, sentenció). Los premios y reconocimientos obtenidos eran otros tantos triunfos de España. Su insistencia en la autobiografía resulta tan convincente que la cuestión se ha dado por resuelta: la política en Cajal es el patriotismo.

Ahora bien, aun aceptando el patriotismo como motivación, queda por saber cuáles fueron las posiciones que adoptó ante cuestiones políticas concretas, las razones que le movieron a actuar, opinar o inhibirse en ciertas coyunturas y cómo le afectaron algunos de los grandes problemas de su tiempo. Porque Cajal era sensible a lo que ocurría en su entorno y sus respuestas no fueron monocordes.

Su compromiso con España y su tiempo no fue meramente retórico, porque, a partir del aldabonazo que representó para él 1898, tuvo una triple dimensión cargada de hechos concretos. Primero, desempeñó por largo tiempo algunos puestos de gestión institucional, que no estaban directamente relacionados con labores investigadoras. Segundo, mostró un permanente interés por la política española, fue senador electivo y después vitalicio e incluso estuvo tentado de aceptar un ministerio. Y tercero, mantuvo una presencia constante en la vida pública a través de la prensa, pronunciándose sobre los principales acontecimientos de su tiempo, consciente del valor que podían representar las opiniones del “primer sabio popular en España”, como le llamó Emilia Pardo Bazán.