4 febrero 2026
Adela Cortina

¿Inteligencia artificial comunicativa?

Resumen de la ponencia

El sintagma “inteligencia artificial” nació en 1956, en relación con la célebre conferencia de Darmouth de 1955 sobre máquinas pensantes. En estos años de vida el proyecto ha cobrado un protagonismo innegable a nivel mundial en el orden económico, político, filosófico, social y en la competición por el poder geoestratégico y geopolítico. Está presente también en la opinión pública de formas muy diversas, porque no hay día que no aparezcan noticias llamativas sobre sus avances.

     Pero a la vez han ido surgiendo críticas, a menudo muy aceradas, sobre los sacrificios humanos y ambientales que exige su producción y sobre las consecuencias éticas y políticas de su funcionamiento. Autoras como Shoshana Zuboff aluden a ella como una prolongación del capitalismo de la vigilancia, mientras que otras, como Kate Crawford aseguran que la IA “es un certificado del poder”. Es inevitable la sospecha de que la estructura de la IA revela de nuevo que la ciencia y la técnica –ahora las tecnociencias-  se convierten una vez más en ideología y certifican el triunfo de la razón instrumental. En el pasado siglo los frankfurtianos denunciaron el triunfo de la razón instrumental, que entiende de medios, pero es incapaz de reconocer unos fines comunes en los que los seres humanos podamos entendernos, alcanzar una Verständigung. Pero ahora se oscurece la razón comunicativa, que es la que permite potenciar la intersubjetividad humana (la relación sujeto-sujeto), único camino para formar sociedades democráticas.

     En esta dirección convenía destacar la excepcionalidad de las personas humanas en el sentido de que gozan de unas capacidades que las hacen únicas en el mundo conocido y que les exigen hacerse responsables de él. Una de esas capacidades es la capacidad de comunicación y diálogo. Sin embargo, algunas voces aseguran que existe inteligencia artificial comunicativa.

     Dado que la meta de la IA como disciplina consiste en crear una inteligencia artificial como la humana, no es de extrañar que los antropomorfismos campeen a sus anchas en los textos, pero no deja de ser llamativo el afán de muchos autores por intentar poner fin al antropocentrismo, mostrando cómo algunas de las capacidades que se tenían por eminentemente humanas se asignan no sólo a los animales, o a ciertos accidentes geográficos (ríos, lagos). Ahora también a las máquinas. Con lo cual, en este caso, se desdibuja la distinción “humano-máquina”.

     ¿Cómo vivir en un mundo en que las máquinas nos hablan –se preguntan estos autores?

     Analizar la situación y responder a esta cuestión es el objetivo de la ponencia.

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