La Estimativa, también llamada sistema de la razón cordial, es, en la perspectiva de Ortega entre 1913 y 1927, una zona de cierta ciencia fenomenológica que llamó ya en 1915, en las hasta recientemente no conocidas lecciones de un Sistema de la psicología, sistema de la razón vital.Para entender en todo su alcance el contenido del discurso de entrada del filósofo en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas se hace, pues, imprescindible comprender de qué modo fue Ortega un miembro de la escuela o, mejor, del movimiento fenomenológico, tanto más cuando disponemos de una conocidísima ironía suya respecto de la fenomenología de Edmund Husserl en el Prólogo para alemanes de 1938 -también inédito por muchos años, dada la repugnancia que sintió su autor ante la Noche de los Cuchillos Largos-.
La reconstrucción técnica de esta historia -que en realidad afecta a prácticamente toda la historia de la filosofía española del siglo XX- muestra que la primera recepción de la obra de Husserl por Ortega fue extraordinariamente entusiástica y sin muestras de distanciamiento; aunque ya entonces aparecen problemas y temas característicos de toda la trayectoria del filósofo español que tenían que entrar en conflicto con la presentación que Husserl hacía de la fenomenología en sus Ideas relativas a la fenomenología pura y la filosofía fenomenológica (1913, ensayo inicial del tan influyente Anuario de filosofía e investigación fenomenológica, que editaban conjuntamente Husserl Max Scheler, Adolf Reinach, Moritz Geiger y Alexander Pfänder). Al pensar Ortega que, con todo, estos cinco filósofos y cuantos fueron publicando sus trabajos en el Anuario que él seguía atentísimo, se encontraban en un profundo acuerdo, se vio en perplejidad sobre lo que efectiva y realmente fuera la fenomenología.
Su discusión con ella tuvo sobre todo lugar en el curso Sistema de la psicología, a cuya luz se entienden mejor las Meditaciones del Quijote que se habían editado ya en 1913 y siempre se han tenido por la base de todo el resto del pensamiento orteguiano.
Una vez que se conoce esa discusión, y añadiendo un texto de El espectador de 1924 (Vitalidad, alma, espíritu) -inspirado, en mi hipótesis, por lalectura de un espléndido ensayo de Edith Stein en el número de 1922, del Anuario-, se tiene suficientemente completa la idea del sujeto humano y su espíritu, lugar del sistema de la razón cordial que se esboza en sus rasgos esenciales en el discurso académico nunca pronunciado.
La ponencia acaba exponiendo esta Estimativa y señalando algún punto crítico que no fue tratado suficientemente en ella.