17 diciembre 2025
Fernando Vallespín

Tecnología y poder

Resumen de la ponencia

El objeto de negocio de las mayores fortunas del mundo está directamente ligado a las nuevas tecnologías -incluyendo en estas también a la IA-, pero también a los medios de comunicación y la industria del entretenimiento. Un número limitado de individuos y empresas ejercen su control sobre la infraestructura digital, datos, producción cultural, distribución de contenidos, redes sociales, cine y televisión. Esa conjunción les otorga un poder superlativo para influir tanto en tecnología como en cultura y, desde luego, en la política. Ya no es solo que controlen las redes sociales y los medios de comunicación, los lugares donde se concentra hoy la conversación pública, sino todo aquello que habíamos asociado a la imagen más estereotipada de “Hollywood”, con su inmensa capacidad para desplegar una industria del entretenimiento con impacto global. Lo que ha dado en llamarse “cultura de masas” está hoy también en sus manos.

Este poder, mezcla de tecnología, medios y capital financiero, es algo inédito hasta ahora en los sistemas democráticos, siempre atentos al equilibrio y control de los poderes económicos y sociales que, en buena lógica, han de convivir y sujetarse a los dictados de la voluntad popular. Esta tensión entre poder político democrático y el propio de los tecno-plutócratas ha sido ya teorizada bajo el paradigma del “tecnofeudalismo” (Varufakis) o el más sutil de “capitalismo de la vigilancia” (Zuboff), que apuntan a una casi completa reorganización de la economía de mercado con consecuencias imprevisibles sobre la política democrática.

Lo que se va a intentar en esta ponencia es dar voz a los propios tecnoplutócratas, porque ellos no solo son sus propietarios y quienes las controlan, sino que actúan también como si fueran los nuevos intelectuales-públicos, los representantes del discurso que supuestamente ha de convertirse en hegemónico en esta nueva era. Se trata de una ideología rupturista hecha de fragmentos neoliberales, libertarios y con indudables incrustaciones de la extrema derecha. No se presenta tampoco como un discurso homogéneo, pero las premisas de las que parte, como veremos con detalle, son clara y explícitamente antidemocráticas, aspirando a una ruptura radical del mundo de la política tal y como lo conocemos.

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