14 febrero 2024
Araceli Mangas Martín

Ucrania en la familia europea. Declive de los valores en tiempos de guerra

Resumen de la ponencia

Ucrania demostró en los días posteriores a su invasión por Rusia (22.02.2024) que había preparado, junto a la respuesta militar, una estrategia político-jurídica internacional a desplegar en la misma semana de la agresión: así, la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (26.02.2022) o la solicitud de ingreso en la UE (28.02.2022). Esta última acción es el centro de esta ponencia. La UE era la alternativa que vislumbró Ucrania semanas antes de la agresión, tras reconocer que tendría pocas opciones de ingreso futuro en la OTAN.

Los medios de comunicación occidentales reaccionaron a favor del apoyo exprés a la solicitud ucraniana como si su ingreso en la UE fuera a ser un escudo protector de efectos inmediatos sobre la guerra. La respuesta de las Instituciones de la UE fue la formal recepción que se incluyó en el primer Consejo Europeo celebrado (Versalles, marzo de 2022) tras la solicitud remitiendo al informe preceptivo de la Comisión.

La Comisión emitió informe favorable con una rapidez de récord en apenas cuatro meses después de la petición -cuando suele tardar varios años-. El Informe de la Comisión, aun siendo favorable a su calificación como candidato por razones políticas, no deja dudas de que Ucrania no reunía las condiciones y criterios jurídicos, políticos y económicos del Tratado (arts. 3 y 49 TUE), así como tampoco los criterios de  Copenhague (1993) y Madrid (1995).

Tanto el Parlamento Europeo como el Consejo Europeo, una semana después dieron su aprobación el 23 y  24 de junio  -lo normal es tardar entre cuatro y diez años-; decidieron, con la convicción de hacer algo simbólico, dar a Ucrania el estatuto oficial de Estado candidato a la UE junto a Moldavia.

Con una sola vara de medir las instituciones debieron haber examinado si Ucrania reúne las condiciones del Tratado y los Criterios de Copenhague; por ejemplo, si estaba en vías de lograr “una estabilidad de instituciones que garantice la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto y protección de las minorías” (punto 1 de los Criterios). También si se puede prever “la existencia de una economía de mercado en funcionamiento, así como la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado” (punto 2). Parece que las instituciones no tuvieron en cuenta que Ucrania tiene graves deficiencias estructurales políticas, jurídicas y económicas; muy grande en extensión, con una gran producción agrícola y al tiempo muy pobre y necesitada de reconstrucción, inmerso en una larga y costosa guerra para Ucrania y la propia UE, lo que indica que podría afectar a la capacidad de absorción de la UE (punto 4).

Ya antes del inicio de la guerra Ucrania no era una democracia ni plena ni intermedia, sino “híbrida”, es decir, con demasiados componentes autocráticos. En los informes de Freedom House (de 2018 y siguientes), Ucrania tenía peor puntuación que Méjico, Filipinas, Indonesia, El Salvador, Georgia, Papúa Nueva Guinea, Sierra Leona etc. En los informes de The Economist (más abierta en criterios muy variados y no solo los derechos y libertades) tenía un puesto 84 en el ranking global y era una  democracia híbrida. Para Transparency International, Ucrania tenía una nota de 30 sobre 100 en 2019. Suspende claramente, siempre; antes y durante la guerra. El Informe del Grupo GRECO del Consejo de Europa de 2023 reconoce que la corrupción de parlamentarios, jueces y fiscales es desoladora. Ucrania ha tenido más de 1800 condenas ante el TEDH, tiene pendiente de ejecutar unas 500 sentencias (al inicio de la agresión).

Ucrania ha tenido un trato privilegiado en su petición de ingreso en la UE. El Consejo Europeo justifica este apoyo porque “la ampliación [a los Balcanes] constituye una inversión geoestratégica en la paz, la seguridad, la estabilidad y la prosperidad” de la UE.

La nueva Europa geopolítica tiene estos giros morales que contornean el Derecho. Se trataba de que Ucrania recibiera ante el mundo y ante su enemigo la expresión de solidaridad, apoyo moral y protección política de la UE.

Se abordan las consecuencias limitadas del estatuto de candidato. Ser Estado candidato, incluso ser Estado miembro, no cambiará la suerte de la guerra de Ucrania. En el marco de esa feroz guerra no será per se un exorcismo. Importa señalar que ser candidato y estar negociando no cambia su estatus jurídico: en primer lugar, un Estado candidato sigue siendo un Estado tercero a la UE. No puede acogerse a los derechos de los Estados miembros.

Segundo, en consecuencia, Ucrania como tercero no puede invocar la cláusula de asistencia mutua entre los Estados miembros en caso de ser víctima de un ataque armado (art. 42.7 TUE). Incluso, en el supuesto de que Ucrania llegara a ser Estado miembro tras una negociación corta, esa cláusula no le protegería militarmente.

Como un pacto militar de ayuda mutua es una obligación sinalagmática, los antiguos neutrales como Suecia y Finlandia, si querían ser ayudados, deberían estar en condiciones de ayudar. Por ello, la solicitud de ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN fue de rebote tras ser persuadidos esos Estados de que el art. 42.7 TUE no fundamenta obligación de ayuda militar directa en combate si Rusia les atacaba. Por tanto, Ucrania, si es lo que pretendía, aun en el caso de ingresase pronto, no podría invocar esta cláusula de ayuda mutua de la UE.

Dicho de otra forma, Ucrania está cada vez más lejos de la OTAN. Por ello en la cumbre de la OTAN de Lituania de junio de 2023, esta organización se limitó a «extender una invitación a Ucrania para unirse a la Alianza cuando los aliados estén de acuerdo y se cumplan las condiciones». No hay acuerdo para que ingrese, no hay plazos, ni promesas, no hay referencias al fin de la guerra, ni automatismos. Sine die.

Para finalizar, cuando Estados como Ucrania y otros de los Balcanes pretenden ingresar en la UE ¿se han preguntado sobre cuál es su modelo de Unión y si comparten el proyecto europeo de integración parcial de soberanías?, dicho de otra forma ¿con qué Unión Europea sueñan?  

Finalmente, hay que reconocer que en la decisión de admitir y negociar con Ucrania y Moldavia hay una épica europeísta que recuerda grandes momentos del siglo XXI en los que divinas palabras, como las de Draghi “hacer lo que sea necesario”, es decir, el enfoque de “cueste lo que cueste” fue providencial. Sucedió en la crisis del euro y ante el Brexit. Actuar de común acuerdo por el interés general se ha repetido con la ayuda política, financiera y militar a Ucrania. Ahora también en la candidatura de Ucrania. No obstante, el respeto de las normas de la UE exige un equilibrio entre empeño de Ucrania y la necesidad imperativa de la UE de respetar sus propias normas.