La figura de Cabarrús (1752-1810) ha dado lugar a controversias sin fin. Como economista contribuyó decididamente a la modernización del sistema financiero español, con el invento de los vales reales y su contribución a la creación del Banco de San Carlos como banco central de la Monarquía. Como político, siguió una trayectoria de abruptos vaivenes, pues fue asesor privilegiado de ministros principales, sufrió persecución y cárcel a manos de poderosos enemigos, se unió al Gobierno afrancesado, y acabó con sus huesos arrojados ignominiosamente al Guadalquivir. También fue pensador y escritor, que brilló con luz propia en el grupo de los Ilustrados de la Sociedad Matritense de Amigos del País. Esta es la parte de su vida que más interesa hoy, en especial las ideas y propuestas plasmadas en sus Cartas a Jovellanos (1808, 1812, 1820). Yerran quienes le han presentado como columna del liberalismo de los años de la francesada. El contraste de su racionalismo con la filosofía de su amigo cada por Jovellanos permite descubrir dos vetas del en el pensamiento político liberal: la rousseauniana de los racionalistas y la crítica de los más moderados, destacada por Hayek en su famoso ensayo sobre verdadero y falso individualismo. Desde el punto de vista personal también han chocado sus cambios de actitud y fortuna: su búsqueda de riquezas, su amor por las mujeres, su aceptación de títulos nobiliarios – tampoco ahí consiguió seguir una trayectoria tranquila. Sin embargo de todo ello, no es justo condenarle como se hizo en su tiempo, pues sí que en fin de cuentas mostró amor por su patria de adopción.