Humano, término usado al menos desde 1200, y humanista que emplea Cervantes son conceptos equívocos, polivalentes, resultado de cambiante pensamiento histórico complejo y ambiguo; sorprendente construcción conceptual incoada por los renacentistas florentinos va adquiriendo carácter en su viaje desde el Renacimiento cambiando de foco pero reteniendo un  cierto núcleo básico que recuerda el mihi quaestio factus sum agustiniano que realza la mirada del hombre sobre el hombre en cuanto hombre. Hay un humanismo inicial Renacentista que conlleva el nacimiento de la idea del individuo, el humanismo de Luis Vives, el propio de Las Luces que realza los derechos humanos, el de J.H. Winckelmann (1717-68) y J. W. Goethe que aboga por la reforma del sistema educativo teniendo en cuenta los studia humanitatis de los escritores florentinos y que se considera como la carta del nacimiento del mundo moderno por su énfasis en la dignidad y libertad humanas en registro cultural. Kant, James, Sartre, Malraux, Nagel, Heidegger y Althusser y Foucault  y Cerezo y Sanmartín engrosan, la lista de pensadores que han aportado novedad reciente y peso a la configuración, entre otros que omito. Mi siguiente breve comunicación se reduce a algo elemental y sencillo: a humanar el concepto desde la cultura. Pero como no se  trata de un fenómeno meramente local voy a considerar, no su forma o género en su diversidad de perspectivas, sino el modo cultural general sin las limitaciones propias de la etnografía, prisionera del tiempo y convicta de espacio.

¿Cómo lo hacemos? Dirigidos por el argumento cultural y por la etnografía en su modo amplio; después imaginamos e interpretamos porque no podemos saltar la sombra de nuestra propia cultura. Instalados en ella incoamos conceptos similares y proseguimos nuestro esfuerzo gestionando la analogía en sus modalidades y proyectando nuestros modos cognitivos y metafóricos en universos culturales ajenos hasta alcanzar la transformación en el nucleo duro de lo humano