La exposición de la ponencia tiene cuatro partes. En la primera se analiza el estado actual de la situación demográfica en el mundo, incluyendo su crecimiento hasta ahora y el previsible hasta 2050, para lo cual se han tenido en cuenta los componentes de ese crecimiento y su posible evolución por la natalidad y la mortalidad. El mismo análisis se ha llevado a cabo para las principales regiones del mundo, y para diez países seleccionados (entre ellos España, pero tanto en un caso como en otro se han tenido en cuenta también los componentes del crecimiento inmigración y emigración, componentes que lógicamente no intervienen en el caso de la población mundial. La conclusión principal de esta primera parte es que la población del mundo está envejeciendo de forma acelerada, de manera que ya es una población envejecida en Europa, y en proceso de envejecimiento en el resto del mundo, también en África. Y no parece que este proceso tenga vuelta atrás, puesto que la única forma plausible de detenerlo o revertirlo sería un aumento fuerte de la mortalidad, que nadie desea.

En la segunda parte se abordó la relación entre organización social y estructura demográfica. El problema no es el envejecimiento de la población, el problema es que los políticos querrían que la población se adapte a un cierto modelo de organización social, cuando es la organización social la que debe adaptarse a las cambiantes estructuras de las poblaciones. Se concluyó este análisis demográfico afirmando que los países más desarrollados, y muy particularmente España, tienen poblaciones envejecidas y que continúan envejeciendo aún más. Y los países menos desarrollados también están envejeciendo, y a un ritmo más acelerado del que se preveía solo hace dos décadas, por sus intensos y crecientes logros en reducir su mortalidad, y especialmente la mortalidad infantil. No hay, al menos por el momento, indicios de que estas tendencias tengan vuelta atrás, pues la única forma efectiva de hacerlo sería mediante un fuerte incremento de la mortalidad, especialmente infantil, que nadie desea.

En la tercera parte se analizó el papel y la imagen social de los mayores en las sociedades actuales, sobre la base de datos de la oleada 2010-2014 de la Encuesta Mundial de Valores. Se seleccionaron y compararon los mismos 10 países, entre ellos España. La imagen social de la población mayor, en estas diez sociedades parece que no es muy positiva cuando se toma en cuenta que se atribuye más importancia social a las personas de 40 y 20 años que a los de 70, y cuando se acepta más fácilmente a un jefe de 30 años que a uno de 70 años. Y, cuando se ve a los mayores como respetables y amistosos, pero no como competentes. Esa imagen más bien negativa se pone también de relieve cuando se acepta que ahora no se respeta mucho a los mayores, o cuando hay más diferencias entre el acuerdo y el desacuerdo con respecto a si los mayores tienen o no demasiado poder político o si las empresas que contratan a jóvenes tienen mejores resultados. La imagen es más positiva, o más políticamente correcta, cuando se rechaza que los mayores reciban más del Estado de lo que les corresponde o cuando se afirma que sean una carga para la sociedad.

Finalmente, en la cuarta parte se comentaron los principales problemas de los mayores, destacando los de salud, soledad, y especialmente el de la jubilación y las pensiones, criticando que los gobiernos, en España, resalten continuamente el gasto en pensiones cuando los mayores tienen derecho a recibirlas porque han pagado sus cotizaciones a la caja de la Seguridad Social. Sin embargo no se habla de muchos otros gastos que se incluyen en los presupuestos del Estado, incluida la corrupción, y mientras se escatima la cuantía de las pensiones a quienes han trabajado y cotizado, se dan desde la Seguridad Social toda clase de ayudas, pensiones y otras, a personas que nunca han cotizado. Se propone que la jubilación sea voluntaria, y la pensión sea proporcional a lo cotizado, pero los funcionarios públicos deben tener un régimen algo diferente.