Esta ponencia es un breve ensayo sobre el primer movimiento cultural-político galleguista que surge en la década de los años cuarenta del siglo XIX. Impulsor de este movimiento, el joven Antolín Faraldo, que nace en 1822, estudiante de Filosofía y bachiller en Medicina se consolidará muy pronto como líder estudiantil, emergente ideólogo y como político más tarde (en la revolución gallega de 1846). Murguía, el gran Patriarca del galleguismo calificará a Faraldo de “el primero  y el mejor”, así como “preconizador de la Escuela Histórica” y “verdadero iniciador del provincialismo”.

Si, en general, se entiende por “provincia” una circunscripción territorial, para este movimiento tiene otro significado aplicado a Galicia: La Provincia se define con un carácter historicista, es decir, aquiescente a país, a patria, a nacionalidad y siempre con el recuerdo del Antiguo Reino de Galicia.

La base historicista la encontrarán en el historiador Verea i Aguiar, que será el que introduce el celtismo en el galleguismo y también tomarán de él la necesidad de vindicar los agravios que ha recibido históricamente y en tiempo recién tanto Galicia como los gallegos.

Como Althuser dijo a Montesquieu, “que abrió caminos”, también los abrió Faraldo, denunciará el excesivo ruralismo en Galicia, de base medieval; criticar la escasa vida comercial e industrial, señalar su escentralización, es decir, su aislamiento, luchar para que Galicia tenga una capital. No será independentista, sino algo así como un autonomista in nuce. Tendrá su sincretismo: Sócrates, Cristo y Fournier. La economía será subordinada a la política: conseguir una unidad y un “espíritu gallego” de nacionalidad. Forzado al exilio y al extrañamiento por tierras cordobesas, afianzará su liberalismo progresista gallego y español. Vivió y murió pobre en Granada en 1853.