Dar cumplimiento al mandato constitucional de democracia interna en los partidos (art. 6 CE) no es tarea fácil por cuanto los partidos son asociaciones privadas con funciones públicas y, estas funciones públicas afectan nada menos que a la competencia entre ellos mismos por alcanzar y conservar el poder político. Regularlos en normas elaboradas y aprobadas por órganos de los que los partidos son los sujetos principales, conlleva  obvias dificultades.

Si nos atenemos a la letra de la Ley Orgánica de Partidos Políticos (LOPP), podemos comprobar que los principios democráticos se cumplen. Ahora bien, la percepción externa – expresada por ejemplo en los sondeos de opinión – es la contraria: los partidos son oligárquicos y opacos, con lo cual inspiran desconfianza y provocan el rechazo de los ciudadanos. En consecuencia, todo indica que la actividad práctica no se corresponde con su desarrollo legal.

Quizás el núcleo de la solución radique en que los actuales partidos ya no son de masas (de militantes)  sino de electores, y la regulación vigente esté pensada para los partidos de masas, es decir, de militantes. Una vía de solución puede consistir en adaptar la idea de democracia a los partidos de electores. La fórmula ensayada en la reforma de la LOPP (LO 3/2015) de establecer dos modelos de afiliados, según su mayor o menor vinculación a las tareas del partido, va en la buena dirección aunque quizás se queda corta.

Para que pudieran estar mejor representados los electores se les debería dar mayor participación en la elaboración de las listas electorales de todo tipo de comicios: elecciones generales, autonómicas y locales. Esta idea,  que ofrece notorias pero solventables dificultades, quizás podría contribuir a fomentar una mayor participación de los ciudadanos en la vida política.

En definitiva, la respuesta concreta al título de la ponencia es doble: a) La democracia interna está legalmente bien desarrollada para partidos de militantes (de masas) y se cumple suficientemente el mandato constitucional. b) Por el contrario, si consideramos que los actuales partidos son partidos de electores (muy distintos a los de masas) el mandato democrático no puede decirse que se cumpla.