La explicación más sugerente y divertida de lo que es el perspectivismo propio de las ciencias la leí hace años en un libro de teoría económica. Me refiero a la obra de Kenneth E. Boulding titulada Análisis Económico. Dice así: “Es un `hecho´ que Oliverio Cromwell tenía una verruga en la nariz. Pero ¿qué es lo que constituye ese supuesto `hecho´? Para el químico, es un cierto conglomerado de átomos y moléculas. Para el físico, es una masa confusa de electrones excitables cuya reacción no se puede predecir. Para el biólogo, es cierta impropiedad en el comportamiento de las células. Para el psicólogo, puede ser la clave que sirva para interpretar el carácter de Cromwell y un hecho de importancia excepcional. El historiador puede considerarla como un detalle insignificante o como un importante factor causal, según que siga la interpretación económica o la psicológica de la historia. Para el economista, la verruga puede tener una importancia despreciable, a menos que Cromwell estuviese dispuesto a pagar una buena suma por su extirpación. ¿Qué es entonces el `hecho´ respecto a la verruga? Puede ser cualquiera o todos los que hemos expuesto, según el tipo especial de interpretación en que se coloque” (8ª edición, traducción de Juan A. Bramtot, revisión y nota preliminar de Miguel Paredes, Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1963, pp. 9-10). Dos comentarios me sugiere este párrafo. El primero es que Boulding, como la mayor parte de los economistas, al menos de la época en que él escribe, se olvida del derecho y de la ciencia de los juristas. Si no los hubiera omitido en muy probable que habría sugerido algo así como que, para estos últimos, la verruga de Cromwell forma una parte, aunque no sustancial, de su cuerpo –esto es, de los llamados “bienes de la personalidad”- y es susceptible de extirpación, para lo cual requeriría contratar los servicios de un cirujano, con lo que se demuestra que la perspectiva económica a la que se refiere es difícil de comprenderla cabalmente si no se la une a la jurídica. El segundo comentario me lleva al punto que quiero destacar en esta intervención, esto es, al perspectivismo de las interpretaciones de un mismo hecho. Aunque el párrafo citado subraya lo que puede denominarse “prespectivismo científico”, pues va pasando revista a los diversos significados que un mismo hecho adquiere desde los respectivos ángulos de las diversas ciencias, no cabe duda de que las perspectivas desde las que contemplamos la realidad no se pueden reducir tan solo a las perspectivas científicas, sino que afectan a toda forma de conocimiento. Esta idea la desarrolló en España José Ortega y Gasset quien, en una famosa conferencia, la explicó con la claridad y el buen decir que le caracterizaba. La teoría comunicacional del derecho –como cualquier otra concepción- es asimismo perspectivista. Contempla su materia –el fenómeno jurídico- des una determinada perspectiva: la comunicación humana por medio del lenguaje.

El perspectivismo propio de la teoría comunicacional del derecho es el perspectivismo textual, esto es, el propio de los textos jurídicos. Hay que tener en cuenta que todo texto, del género que sea, implica una perspectiva desde la cual se aborda de terminada realidad. La perspectiva jurídica es la propia de los textos jurídicos. Todo ordenamiento jurídico constituye una totalidad textual –compuesta por textos parciales, como la constitución, las leyes, las normas de la administración pública, la jurisprudencia de los tribunales, etc.- desde la cual se contempla y se enjuicia el mundo jurídico. Esta tesis “perspectivista” va unida a otras dos tesis no menos importantes: la tesis nominalista y la tesis de la pluralidad de los ordenamientos jurídicos.

La tesis nominalista implica la renuncia a definir la esencia del derecho, destacando que “derecho” es un nomen designativo de una realidad plural: los ordenamientos jurídicos. Algo similar acontece con el lenguaje en relación con las lenguas. En realidad el lenguaje no existe, sino que es un nombre para designar las lenguas en su conjunto. La teoría comunicacional del derecho no se plantea la cuestión de proporcionar una definición esencialista u ontológica del derecho, sino que, partiendo de la pluralidad de ordenamientos se pregunta por los elementos estructurales o formales que les son comunes.

De las tesis anteriores deriva el principio de relatividad en el derecho, que se desglosa en las siguientes ideas. Primera, ya mencionada, todo ordenamiento jurídico constituye una perspectiva textual desde la que es posible calificar y enjuiciar todo el mundo jurídico. Segunda, cada ordenamiento jurídico se autorregula generando y destruyendo sus propios elementos internos. Tercera, junto a la perspectiva ad intra (perspectivismo interno), el ordenamiento conlleva también necesariamente una perspectiva ad extra (perspectivismo externo). Cuarta, la perspectiva sistémica es la perspectiva explícita, que pone de manifiesto la perspectiva implícita del ordenamiento. Quinto, el planteamiento de una cuestión jurídica o del significado de un concepto jurídico sólo adquiere sentido desde el ángulo de un determinado ordenamiento (sistema) jurídico.

Cualquier cuestión práctica de carácter jurídico que se plantee tendrá respuestas diferentes atendiendo al ordenamiento desde el cual se considere la mencionada cuestión. Algo similar sucede con los conceptos jurídicos. Junto a los conceptos formales o universales, propios de la teoría del derecho (tales como el de decisión jurídica, institución jurídica, norma jurídica, procedimiento jurídico, acto jurídico, sanción jurídica, etc.) están los conceptos jurídicos que un ordenamiento determinado maneja o presupone. Se trata, en este segundo caso, de conceptos que no pueden calificarse de “universales”, sino que, por su pertenencia –en principio exclusiva- a un ordenamiento jurídico, son propios de éste y no de otros ordenamientos.