Jeremy Bentham nació en Londres en 1748 y murió en la misma ciudad en 1832. Dedicó toda su vida a la jurisprudencia y a la aplicación de ésta a la reforma política y administrativa de las sociedades humanas según las líneas de lo que él consideraba racional. Para él, la jurisprudencia era una ciencia, basada en dos principios inmutables de la naturaleza humana: la búsqueda del placer y la evitación del dolor – en otras palabras, la obtención de la máxima utilidad por cada uno de los individuos. Bentham de todas formas creía en la necesidad del Derecho para conseguir la armonía artificial de las maneras que tenían los individuos de perseguir su felicidad. En suma, todo el esfuerzo teórico y práctico de Bentham se dirigió a reformar los sistemas jurídicos y políticos de los diversos países sobe la base de una soñada ciencia del bien común.

Las cartas de Jeremías Bentham relativas a España, Portugal y la América española ocupan dos gruesos infolios con 266 documentos (en realidad 268). Son muchas cartas muy largas y llenas de materia lagunas de ellas. La traducción y publicación de esta correspondencia puede añadir mucho a la comprensión histórica del liberalismo radical en el mundo ibérico.  Aparte el interés histórico de estos documentos para el mundo ibérico, está la importancia de estudiar las causas del repetido fracaso de las propuestas de Bentham en nuestro mundo. El utilitarismo como filosofía legal y política sigue vivo en la actualidad y por eso vale la pena estudiar su torcido eco entra los pueblos de habla española y portuguesa. Quizá pueda servir de lección para los constructivistas de nuestra época presente.

El reducir la valoración humana a un “cálculo felicífico”, cual decía Bentham, supone una visión demasiado estrecha de la vida moral, por reducir la ética a un solo objetivo, el de la felicidad y pasar por alto la variedad de planes de los individuos. No es papel de las autoridades el perseguir el bien común, pues el tal bien común es algo que ni las autoridades conocen técnicamente ni los individuos pueden acordar democráticamente.
Los sistemas filosóficos sufren difracción cuando son llevados de una cultura a otra. Ése fue el caso de la filosofía política y administrativa de Jeremías Bentham: mucho es lo que ‘se perdió en la traducción’ cuando sus ideas fueron recibidas en España, Portugal e Iberoamérica. Ello es especialmente irónico por tratarse de una filosofía política como la benthamista, que pretendía ser de validez universal.