El Oratorio «El Mesías» fue compuesto por Jorge Federico Haendel desde el 22 de agosto de 1741 al 12 de septiembre del mismo año, con la ayuda del libretista Charles Sennens. Ambos decidieron crear un «cuadro de meditación» sobre la obra redentora del Salvador, una visión global de lo que tal obra implica, desde las predicciones del profeta Isaías hasta la transformación que experimentarán todos los creyentes cuando acontezca la «segunda venida» del Mesías, al final de los tiempos. Por esta profunda razón, «El Mesías» no pertenece tanto al tiempo navideño cuanto al de Semana Santa y Pascua.

La Primera Parte está estructurada mediante la movilización de cuatro palabras básicas en el antiguo testamento: Consuelo («Consolad a mi pueblo, dice el Señor, porque el tiempo de la desgracia ha pasado y su iniquidad ha sido perdonada), Gloria («Y se revelará la gloria de Dios»), Luz («Levantaos, resplandeced, porque la luz ha venido y la gloria de Dios se alza sobre ti»), Pastor («Alimentará a su rebaño como un pastor…»).

En la Segunda Parte, este ambiente de consolación, gloria, luminosidad y ternura es sustituido por la situación de tormento a que se ve sometido el «varón de dolores» (Isaías). El coro –representando a la comunidad creyente– exclama con aire dramático: «Ciertamente, Él ha cargado con nuestras desdichas…».

Pero, durante su vida, Jesús había preparado a los apóstoles para predicar la Buena Nueva («Qué hermosos son los pies de quienes predican el Evangelio…») y consolidar la Iglesia naciente, protegida por el Señor ascendido al Cielo. El coro lo celebra, entusiasmado, con palabras del Apocalipsis, el libro de la esperanza y el consuelo de los cristianos perseguidos: «Aleluia, porque el Dios omnipotente reina y reinará por todos los siglos. Aleluia».

La Tercera Parte de esta obra de consolación está dedicada a la gran esperanza que transmite San Pablo a los cristianos de su tiempo, agobiados por las persecuciones incipientes (1 Cor 15, 52-53).

Esta creencia inspira la famosa aria de soprano:

«Creo que mi redentor vive y que aparecerá, en el último día, sobre la tierra, y, aunque los gusanos destruyan mi cuerpo, yo, en mi carne, veré a Dios»
(Job 19, 25-26).  

En el momento final, la obra entona un himno al Cordero que nos redimió con su inmolación. Los autores se inspiraron en el capítulo 5 del Apocalipsis. Oigamos atentamente las palabras de este capítulo y veremos cómo Haendel, sin cambiar apenas el texto, saca de él una inmensa fuerza. Asume el ritmo de la narración y lo eleva a una altura expresiva sin igual hasta entonces.

El Mesías proclama que el Apocalipsis o revelación no es «el libro de la gran catástrofe», como a veces se piensa, sino el de la esperanza en la victoria final del Cordero inmolado por redimirnos.

Actualmente, El Mesías es presentado en el tiempo litúrgico navideño, como una especie de himno de alegría por el nacimiento de Jesús. En realidad, bien visto, tiene su lugar propio en la gran semana por antonomasia santa, donde celebramos el Misterio Pascual. De todos modos, se adapta muy bien al espíritu navideño, por su carácter esperanzado y jubiloso.

En cualquier momento del año podemos oír y vivir esta gran obra como un definitivo mensaje de esperanza y de consuelo. Gloria y honor a sus autores y a la cultura que acogió su talento y le hizo posible escalar esta cumbre.