La devaluación de la reflexión filosófica sobre la historia en los últimos decenios puede deberse al rechazo de consideraciones que exceden el ámbito de la experiencia empírica, o bien a la reacción contra manipulaciones más o menos totalitarias de la historia misma, entre otros motivos. Con ello se ha fomentado una especie de desistimiento en la búsqueda de la verdad sobre el ser del hombre.

Una de las cuestiones sobre la historia es la de su unidad, especialmente de cara al avance incontenible de la globalización. En autores que, en el entorno anterior o posterior a la segunda guerra mundial, pensaron a fondo la historia, encontramos perspectivas que nos pueden ayudar a abordar ese difícil problema. En referencia al pasado K. Löwith (1949), al igual que H. de Lubac (1979), nos incitan a mirar las diferentes interpretaciones de la historia como radicadas en la Biblia o en la Teología. K. Jaspers nos retrotrae a lo que él llama el “tiempo-eje”, que ve girar en torno al siglo V. A.C. Con respecto al futuro, E. Husserl nos apremia a no olvidar los ideales de la “teleología de la razón”, que hunde sus raíces en el pensamiento griego y A. Camus insiste en que “la rebeldía metafísica” contra el mal va asociada a la reivindicación de la unidad, que emana del reconocimiento de valores comunes.