La psicología de nuestros días ha visto surgir, y establecerse en lugar preferente entre las opciones doctrinales, tanto en teoría como en práctica, el movimiento que se conoce como “psicología positiva”. Se han hecho muchas presentaciones y síntesis de la psicología positive, que resultan coincidentes en lo sustancial. Se suele en ellas insistir en la idea de que la nueva orientación, buscaría compensar la anterior preponderancia de lo deficiente para dar paso a un interés centrado en la mejora de calidad de vida, los rasgos valiosos de las individualidades, las fortalezas y virtudes de las personas, la excelencia, la satisfacción vital, el optimismo, en suma, la felicidad. En este campo han sido principalmente dos las líneas de pensamiento que han generado investigaciones, y han orientado la indagación empírica. . La primera de ellas puede ser denominada en sentido amplio hedonismo (Kahneman ) … La segunda …ha sido llamada eudaimonismo “ . En esta última hay que adscribir a Seligman y su grupo. Seligman, respetuoso con la construcción aristotélica, ha propuesto reformularla en términos concretos y usuales. Y lo ha reflejado asì: “La felicidad (Happiness) podría ser analizada en tres elementos diferentes que formulamos así: emoción positiva, compromiso, y sentido. Y cada uno de esos elementos está mejor definido y es más fácil de medir que la felicidad. El primero es la emoción positiva: lo que sentimos: placer, arrobamiento, éxtasis, calidez, confort, y cosas parecidas… El segundo elemento, compromiso, se relaciona con la ‘inmersión’ (flow) [lo que llamaría ‘estar embebido en una experiencia’ ] : …la pérdida de la conciencia de sí durante una actividad absorbente…En la inmersión, quedamos absortos en el objeto… De ahí, la importancia de identificar nuestras más altas capacidades y saberes para activarlos y lograr esa inmersión… Hay un tercer elemento de la felicidad, que es el ‘sentido’… La vida con sentido consiste en entregarse y servir a algo que uno cree que es más grande que uno mismo” (Seligman, 2011). Al nuevo movimiento, se le han ido encontrando innumerables raíces La idea aristotélica es una muy importante. Sin duda, el antecedente más ampliamente admitido es el que representa la psicología humanista, atenta al desarrollo personal a través de la realización de valores que dan sentido a la vida. Aquí se dice que las emociones positivas “sirven como marcadores de un floreciente u óptimo bienestar”. Bajo su influencia, se obtienen formas más eficaces y ricas de pensamiento; más respuestas creativas, y también, en otras series de experimentos, se habría hallado formas de responder y categorizar estímulos de modo más holista, más integrador de los diferentes aspectos objetivos o situacionales. Una de las emociones estrechamente vinculada a este movimiento es el que se viene denominando, en inglés flow , en castellano fluide. Se trata de lo que podríamos llamar ‘embebimiento’ o ‘absorción’. Importan también las fortalezas o ‘virtudes’. Son hábitos que facilitan aquellas conductas que afirman o realizan valores morales, y que con frecuencia han de sobreponerse a contrariedades que dificultan el logro de la acción. Una serie de trabajos ha dado una lista en que todos ellos convergían. En ella se recogen veinticuatro, agrupadas en seis grandes grupos cuya enumeración es esta: ‘Sabiduría y conocimiento’, ‘Coraje’, ‘Humanidad’ (cuidar y hacerse cercano a los demás), ‘Justicia’, ‘Contención’ (protección contra los excesos), ‘Trascendencia’ (que da sentido a la vida en su conexión con el universo). Se han diseñado planes de entrenamiento que permiten un aumento de esa capacidad, por ejemplo entre escolares. Como algunos autores han dicho, “los psicólogos positivos se esfuerzan por tener sistemas paralelos de clasificación, métodos de evaluación fiables, estables y válidos, y estudios de efectividad de las intervenciones realizadas”. Mencionamos la Satisfaction with Life Scale , o el llamado Método de Reconstrucción Diaria (Daily Reconstruction Method), en que se pide a los sujetos que recojan diariamente sus experiencias placenteras en las diversas situaciones vividas, con objeto de tomar conciencia de los factores que han podido producirlas. Esas escalas han permitido realizar comparaciones de muchos tipos, que incluían diferentes procedimientos evaluadores. Uno de los temas dominantes en la psicología del trabajo de nuestra época viene siendo el estudio del estrés laboral. Como consecuencia de la nueva orientación que comento, se han levantado voces en pro de una nueva línea de trabajo, en la que se concentra la atención en la promoción de experiencias positivas, y el desarrollo y satisfacción de las personas integradas en los procesos organizacionales. Otro de los campos donde la psicología positiva se ha expandido con rapidez es el mundo de la salud y la psicoterapia. Especialmente esta última mantiene una estrecha afinidad con el sentir general de esta psicología. En un famoso estudio con monjas americanas, se ha comprobado que las emociones positivas, y en definitiva, la felicidad vivida abiertamente, resulta ser un excelente medio para promover una larga vida cumpliendo la propia vocación. Todo nuevo movimiento encuentra, junto a fervientes partidarios, aquellos espíritus críticos que, tomando distancia, señalan los defectos y posibles errores, y así contribuyen en caso de sobrevivir a las críticas al perfeccionamiento de la obra científica cuestionada. Por ejemplo, algunos otros autores hacen notar que en ciertos casos, el valor de las cualidades positivas habría en todo caso de estimarse dentro siempre del contexto en el que se den. No se trata de un cambio de paradigma, evidentemente. La psicología no ha variado en relación a sus conceptos básicos, en todo lo que se refiere a los procesos con que el sujeto se ajusta al mundo, hace frente a las situaciones y mantiene relaciones interactivas con sus semejantes. No nos hallamos ante un cambio sustancial en lo que se refiere a la mente, a la conducta, ni a los procesos psicofísicos mediante los cuales aquellas realidades se configuran. Ni se redefine la psicología, ni se renuevan sus métodos. Simplemente, se lleva al ámbito de la investigación teórica lo que ha sido, desde sus comienzos, el objetivo mismo de la psicología aplicada: el potenciar la calidad de la vida humana con medios psicológicos, buscando formas más sólidas y potentes de ajuste y satisfacción ante la existencia. Como antes hemos oído decir a Seligman, si se venía pretendiendo lograr que los sujetos pasaran de un estado negativo (de menos cinco) a otro sin déficit (de cero), ahora, avanzando por el mismo vector, e incluso en la misma dirección, aspiramos a llevarlos desde ese nivel de indiferencia y equilibrio (igual a cero) a uno que, dentro del mismo círculo valorativo, pueda estimarse superior, (por ejemplo, de valor igual a más cinco). Dentro de la misma escala, dentro de un mismo continuo valorativo, hemos girado la atención ciento ochenta grados, y procuramos realizar operaciones análogas en el nuevo sector de magnitudes. Sin embargo, el impacto social ha sido tan considerable, y la respuesta de los colectivos de psicólogos tan receptiva y entusiasta, que el surgimiento del nuevo campo de acción guarda una cierta similitud con la aparición de un nuevo paradigma. Desde luego, se ha creado una red institucional extraordinariamente amplia y potente. De modo que, aunque no estemos ante un nuevo ‘paradigma’, nos hallamos ante un movimiento singular. Tal vez, lo que sobresale dentro del conjunto de literatura que sobre el tema se va acumulando, es quizá una nota peculiar: es una ciencia psicológica que gira explícitamente no sobre procesos ‘naturales’ de conducta o experiencia, sino sobre ‘valores’ que modulan o jerarquizan aquellos. Ha operacionalizado hasta cierto punto la felicidad, y ahí ha superado el simple hedonismo y ha ligado el tema, de nuevo, a aspectos relativos al proyecto, futurición y esperanza propios de la existencia humana.