“Recordó, en primer lugar, la presente situación de corrupción generalizada, con un desempleo agobiante, el descarrilamiento del Estado de las autonomías, partidos políticos de simples empleados, una mala ley electoral, desfiguración del régimen parlamentario, quiebra del principio de separación de poderes, una Administración de Justicia politizada.
Ante este panorama, el proceso de reformas tiene que ser encadenado, de relación directa de unas reformas con otras, hay unas primeras que condicionan a las siguientes. La primera reforma es la modificación a fondo de la ley electoral, con el fin de que los partidos dejen de ser agrupaciones de empleados y convertirse en partidos de ciudadanos. Sin partidos de ciudadanos libres, no se resolverán las graves cuestiones pendientes.
Se propone, a veces, que las listas sean abiertas. Pero este remedio no resulta eficaz en los países donde se implantó. Pocos son los votantes que modifican las listas ofrecidas por los partidos. El mejor sistema electoral aplicable ahora en España es el vigente en Alemania. Allí cada lector, con dos votos, se pronuncia, con el primero de ellos, por candidatos que conoce y valora, en una decisión personalizada, y con el segundo voto apoya la lista de su partido. Esta solución produce en Alemania buen resultado.
Una vez establecida una nueva ley electoral, los partidos de ciudadanos estarán en condiciones de afrontar la renovación y reorientación del Estado de las Autonomías, la reducción de las administraciones municipales, provinciales, comunitarias y estatales. Y será posible afrontar con éxito cuestiones pendientes, entre ellas la despolitización de la justicia, así como el establecimiento de una Monarquía parlamentaria, anunciada en el texto constitucional (art. 3.1 CE). Y será posible afrontar con éxito las otras irregularidades, entre ellas la despolitización de la justicia.
En definitiva, una nueva etapa histórica nos espera y no hemos de sentir temores excesivos. Los españoles tenemos la garantía de la continuidad monárquica. En la presente situación política es el Rey quien puede convocar a los principales dirigentes políticos y, con autoridad, instarles a que retomen el camino de la conquista democrática, negociando una nueva ley electoral. Además, parece que la Providencia Divina nos tutela, y a la renuncia de la reina de Holanda, se ha añadido la del Papa Benedicto XVI. Cualquier decisión de don Juan Carlos en este sentido no asombraría a nadie. Pero el actual Rey, que tanto bueno ha hecho por España y al que tanto debemos, no ha de terminar su jefatura sin intentar resolver la terrible crisis que nos abruma. La futura etapa histórica será la Monarquía de don Felipe. Sin embargo, en este momento final de una etapa, el Rey don Juan Carlos no ha de permanecer políticamente inmóvil.
El Rey no gobierna, pero “reina”. Reinar es aconsejar, alertar y advertir. El año 1966, en plena dictadura, publiqué un libro titulado “Las Monarquías europeas en el horizonte español”. En aquellas páginas analizo lo que es “no gobernar, pero reinar”. A los franquistas molestaron mis reflexiones a favor de la Monarquía parlamentaria y defensa de la misma.”