5 junio 2024

¿Y si los virus leyeran libros de biología? La reflexividad en ciencia social

Resumen de la ponencia

A principios de 1947 el físico vienés Erwin Schrödinger afirmaba que la ciencia se sustenta en la creencia de que el sujeto, al conocer el orden del mundo, no lo modifica ni lo altera, siendo pues neutro o transparente en el acto de conocer. De modo más rotundo Karl Popper señala que el conocimiento en sentido objetivo es conocimiento sin conocedor: es conocimiento sin sujeto cognoscente. En resumen, el conocimiento es el reflejo del objeto en el sujeto, y en ese reflejarse el sujeto es pasivo, no cuenta, ni añade, ni quita nada al conocimiento.

¿De verdad el conocimiento no afecta a lo conocido? Pues es posible argumen­tar que los modelos científico-so­ciales, al ser difundidos, cambian su estatuto epistemológico pasando de ser teorías puras usadas por los científicos sociales, a ser mapas cognitivos que, integrados en la etno­cien­cia (es decir, el conocimiento de sentido común), orientan a los acto­res quienes uti­lizan esos mapas o teorías para generar es­trate­gias prácticas, en un proceso de desliza­miento desde la teoria a la praxis. El modelo modifica lo modelado en un bucle reflexivo, de consecuencias imprevisibles (y luego demostraré por qué creo que son imprevisibles), bien auto cumplidas o auto negadas.

Pero aún hay más pues­, junto a esta reflexividad de la sociedad sobre si misma mediada por la difusión de la ciencia social, ­hay otra posibili­dad estudiada por algunos etnometodólogos, una esotérica corriente sociológica nacida en California en los años 70 y que ha contribuido mucho al moderno constructivismo. En este caso son los actores mismos (y no los científicos sociales) quienes recono­cen y descubren pautas de conducta colectiva, tanto en su forma institucionalizada (Estado, empresa, familia, burocra­cia, etc.) como en forma dispersa (mercados, colas­, etc.). Y una vez descubiertas tales regulari­dades o “leyes”, pautan su conducta tomándolas en cuenta. En definitiva, los ciudadanos, los actores, son también observadores, son también sociólogos “etno”, etnosociólogos.

De esta omnipresencia de la refle­xi­vidad se deducen tres importantes teoremas que vale la pena recor­dar:

1. – Teorema de la ciencia social como acción so­cial: todo lo que hace el científico social im­plica una cierta intervención en los asuntos sociales. Hablamos dentro de la misma sociedad, no fuera de ella, como si estuviéramos observándola por el ojo de la cerradura de una puerta que nos separara de la vida, lo que Adorno llamaba “la metafísica por la ranura”.

2. – Teorema de la interminabilidad: no se puede agotar la descripción de una realidad cuando, por definición, todo lo que se dice sobre esa reali­dad forma parte de la misma. La realidad social es, progresivamente, y como tendencia, el resultado, querido o no, de lo que se piensa que es. En ese sentido, pero solo en ese, el moderno constructivismo tiene razón.

3. – Teorema de la libertad:  si toda teoría rela­cionada con la conducta humana pasa a formar parte de la conducta humana como un nuevo factor, entonces no tiene sentido definido (finito) con­siderar la conducta como determina­da.

Pueden así enunciarse un conjunto de rasgos que singularizan a la ciencia social:

1. Lo que K. O Apel llamaba el a priori de la comunicación entre el científico y su objeto, la sociedad. Los seres humanos hablan el lenguaje de los científicos sociales y ello hace que los modelos o esquemas re-flexionen sobre lo modelado. ¿Qué ocurriría si los virus leyeran libros de biología, las plantas tratados de botánica, o las placas tectónicas los de geología? Previsiblemente sería necesario re-escribir tales libros a medida que fueran siendo leídos por los virus o las plantas.

2. En consecuencia, todo lo que se dice sobre la realidad social forma ya parte de esa realidad. La geología no forma parte de las rocas del mismo modo -no trivial- que la ciencia social es parte de la realidad social. Lo que significa que su historicidad, no deriva sólo de la historicidad de su objeto, sino de ella misma, pues lo ordena y desordena a la par que va dando cuenta de él.

3. Como los modelos de la ciencia social modifican lo modelado, nos encontramos con una paradoja: pueden ser ciertos, pero ser falsados en la práctica, ya que generan conductas que los auto-refutan; o ser falsos y verificarse, pues generan conductas que los auto-cumplen. Un fenómeno bastante frecuente en los análisis electorales. El juego de las predicciones que se autoniegan o de las profecías que se autocumplen, que los clásicos presentaban como tragedias, está en el corazón mismo de la ciencia social.  Pues si la ciencia social remodela el mundo que observa, lo hace generando consecuencias no intencionadas y sometida al efecto dramático del aprendiz de brujo. Desatamos fuerzas que no controlamos.

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