Salvador de Madariaga , en su libro “Ingleses , franceses y españoles” (1929), caracterizó a los españoles por su preocupación y devoción por el “honor”, y añadía : “el honor es pasión”, o sea, emoción. Seria un rasgo distintivo nuestro.
Las emociones han sido objeto de algunas de las más logradas indagaciones y reflexiones de nuestros investigadores psicólogos. Procuraré ofrecer aquí un breve panorama de lo que los psicólogos españoles han ido hallando sobre las emociones, desde la modernidad hasta hoy día.
En nuestra historia hay que empezar inevitablemente por su “prehistoria”. En nuestro caso, esa prehistoria es brillante e intensa, y se llama Luis Vives, en el siglo XVI. Vives ha escrito al final de su vida un tratado de psicología empírica, De anima et vita (1538), que los psicólogos españoles del siglo XX admiraban y tradujeron y editaron como Tratado del alma. En su última parte se dedica al estudio de las emociones, o ‘affectus’ . Las emociones, basadas en nuestro temperamento corporal, predisponen e impulsan a determinados comportamientos mediante los cuales el hombre se enfrenta a lo que piensa que es su bien o su mal. “La emoción del bien presente se llama alegría,… y la primera emoción fruto del mal es el disgusto, y cuando se consolida se transforma en odio…” . Algunas son ligeras ,otras sacuden el alma entera. Y hasta es posible una cierta terapia de la emoción basada en la iluminación intelectual. Nadie se había ocupado así antes de los movimientos con que la mente y el cuerpo se relacionan con el mundo. Muchos lo consideran nuestro primer psicólogo empírico.
Seguimos en el tiempo “prehistórico con el “Examen de ingenios para las ciencias” (1575) del médico de Baeza Juan Huarte de San Juan, muchas veces considerado ‘padre de la psicología diferencial’. Siguiendo a Galeno, el cuerpo humano tiene cuatro humores, (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra), lo que da cuatro tipos humanos : sanguíneos, coléricos, melancólicos y flemáticos, cada uno con su mundo de emociones.
Pasa el tiempo, y nace y se difunde el darwinismo, que hace las emociones respuestas innatas, adaptativas para la supervivencia, tanto en animales como en el hombre. Y al surgir la psicología científica, con Guillermo Wundt, (1879) en Alemania, y con William James en USA , se plantea el estudio de la emoción. Wundt la vio como sentimientos intensos ante objetos o situaciones, pero James las vio como respuestas adquiridas por antepasados que han sido útiles y son innatas ahora, y se disparan automáticamente por el organismo; después de disparado, llega la noticia a la mente, y entonces aparece la emoción. Su formula es: no lloramos porque estamos tristes, sino que estamos tristes porque lloramos.
Esa doctrina de James la rechaza , hacia 1915, el médico G. Marañón. Experimentando con pacientes a los que inyecta adrenalina, se da cuenta de que la inyección pone al paciente en un estado raro , pero tranquilo; pero si Marañón le hace pensar en algún problema o drama, entonces se alteran y lloran. Habría solo emoción efectiva cuando la alteración corporal se une con una idea o información afectiva. Esa teoría, de que una cierta alteración o emoción fría se vuelve emoción plena si se le enlaza con una idea o conocimiento afectivo, pasó sin mucha pena ni gloria en aquella época de dominio de psicología conductista, pero ha sido luego punto de partida que han aprovechado a fondo los psicólogos cognitivos de la emoción, (Schachter y Singer, 1962), hasta hoy. Esa ha sido una aportación capital.
A lo largo del siglo pasado, ha habido otras aportaciones importantes . Una es la del primer psicólogo internacional español, el Dr. Emilio Mira y Lopez, en sus tratados de psiquiatría y su libro sobre emociones “Cuatro gigantes del alma: el miedo, la ira, el amor, el deber. Asumió la teoría conductista americana, que mantenía tres primeras emociones como respuestas innatas a ciertos estímulos (ira, apresamiento; miedo, perdida de sustentación o ruido violento; amor, caricia) que luego se van desplegando por condicionamientos en el desarrollo. Otra, del iniciador de la medicina psicosomática, Juan Rof Carballo, que ve en la emoción un ajuste a lo real de una personalidad que se va ligando integrando el organismo, con el mundo afectivo de la madre y la sociedad inmediata, en una “urdimbre primigenia” que ajusta y defiende la personalidad integrando actividad biológica, cognitiva y conductual , y que es esencial para la concepción psicosomática.- Y en tercer lugar, se presenta la aportación de J, Rodriguez Delgado, que exploró las respuestas emocionales desde la estimulación intracraneal de los organismos, y postuló su control mediante electrodos implantados en el cerebro. Sugirió la idea de una sociedad psicocivilizada, con esos controles en casos de desorden patológico , idea mal recibida socialmente, pero actualmente usada en algunos centros para superar graves depresiones o padecimientos sin tratamiento eficaz.
La ponencia termina presentando grupos actuales de investigación en psicología, que hacen estudios experimentales con tests y estudios de casos, en temas como la muerte (S. Urraca), las enfermedades terminales (R. Bayés) , la alegría (C. Monedero) , amor y sociedad , la exposición a ítems del test de P. Lang , la inteligencia emocional (P. Fz. Berrocal) , el reconocimiento de emociones (Fernandez Dols), emociones infantiles (del Barrio), y la actividad de una Asociación de Motivación y emoción , de un amplio grupo de profesores universitarios. Todos esos caminos están ya plenamente internacionalizados.