En esta presentación se pretende mostrar obras y entrevistas de E. Chillida y M. Barceló como etnografía para una reflexión antropológica del arte y los valores como modo de conocimiento. Dice Barceló que <<el arte está ahí porque lo necesitamos, no podemos prescindir de él para existir, independientemente de la época. Cobra distintas formas según el contexto, pero responde a la misma emoción, la misma necesidad>>.
Chillida: En todas sus obras, el espacio es acogido con el propio que crea la obra, y el diálogo entre ambos, que instaura su imaginación creadora, crece e intensifica valores compartidos: el respeto a la naturaleza y a los materiales cuyas leyes obedece acallando su deseo, apego o afección. La grandeza, la inmensidad, la trascendencia y su correlato en la pequeñez e igualdad de todos los hombres, su solidaridad, son valores sin cuya activación no cabría entender sus obras. Son esos valores y su tensión con el mundo lo que crea un empuje equivalente a la verdad moral que el arte nos hace sentir. Por eso sale a flote. <<Un artista sin emotividad -concluye Chillida- no puede hacer nada. Ese lado emocional es solo una parte del querer, el sentir y el representar que, según Dilthey, constituyen los medios con los que el ser humano se hace con la vida; es la parte que responde a la visión de los valores sobre cuya figura se funda la existencia y, a partir de ellos, surge una cuarta parte que encarna realidad al intervenir con la acción, con el trabajo y la creación: el actuar. Hacerse con esos valores sería el objeto del arte, esto es, no trata de estudiarlos en el sentido de medir su extensión social o su proporción relativa, sino de facilitar su vivencia directa al actuar con la menor intermediación posible de la luz del pensamiento. El modo de presentarlos, fruto del uso tan sensible de la escala más adecuada en cada caso, de las tensiones entre la gravedad y la fuerza, entre el hierro macizo y el aire, entre el óxido que el agua y el aire dejan a modo de piel o vestido tejido por el tiempo es, sin duda, diferente en la obra de Barceló.
Barceló: Ambos han usado la tierra y la naturaleza, pero como lurra o como cerámica. Mientras Chillida prefiere la diversidad de ángulos que favorecen un diálogo entre las distintas inclinaciones (en vez de la rigidez del recto de 90º, algo entre 86º y 92º) en sus esculturas, huecos y gravitaciones, Barceló se sumerge entre peces de colores, pulpos, mariscos, panes y verduras de distintos colores, toros y gorilas, pateras y flores como afirmación de la diversidad más allá de la humana y animal, universal (París y Mali, New York y Palma). Pero se trata, igualmente, de valores sin los cuales no solo no podríamos entender sus obras, sino que no podríamos alcanzar el goce de su arte en la cultura de nuestro tiempo.